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Tema: Explorador - Vía Láctea (Segundo Libro) [Primera Parte] -Prólogo-

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  1. #11
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    Re: Explorador - Vía Láctea (Segundo Libro) [Primera Parte] -Prólogo-


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    Por favor sigue la historia es muy interesante.

  2. #12
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    Parte 1 - Capítulo 9

    Parte 1 - Infancia.
    Cuando Nacen Las Esperanzas.

    Capítulo 9 - La Advertencia.
    ¿Avanzar O Retroceder?

    Guiados por la brújula de Albus, lo niños caminan bajo el cielo amarillento que la Luna Sagrada trajo consigo.
    Al parecer, se dirigen a las afueras de El Naranjito, acercándose a la Carretera Transístmica, está absolutamente vacía, sólo se pueden ver autos estrellados y destruidos en el camino.
    No hay ninguna señal de vida.


    Elena: ¿Qué pasó aquí?
    Albus: No lo sé... Pero la brújula desapareció justo cuando llegamos aquí.
    Sveta: ¡Shh! ¿No escuchan?
    Wind: Yo escucho algo, no estoy seguro de que sea.
    Sveta: Es como... Si alguien estuviera gritando.
    Albus: ¡Ah! ¡Viene alguien!

    Albus señaló para indicar que alguien se aproxima, es una mujer con un bebé entre sus brazos, parece desesperada, corre ciegamente sin ver adónde va.
    Está en la mitad de la calle, de repente tropieza, soltando al pequeño al aire.
    Los chicos corren en su ayuda, excepto Albus quien fijó al niño como su nuevo objetivo; se inclina y se prepara para dar un salto horizontal, pese a la distancia, se impulsa y brinca, atrapando al bebé antes de caer al suelo, con una increíble velocidad.
    Elena y los demás ayudan a la pobre mujer a levantarse.


    Rosas: ¿Se encuentra bien señora?
    -¡Mi hijo! ¡¿En dónde está mi hijo?!-

    Albus: ¡Yo lo tengo!

    Albus se acerca con el bebé entre sus brazos, estando frente a su madre le entrega al niño, ella lo abraza encarecida.

    -¡Gracias! ¡Gracias niño!-
    Sveta: Disculpe, ¿por qué estaba corriendo en medio de la vía?
    -... Por un hombre loco, que quería quitarme a mi hijo.-
    Sveta: ¿Y en dónde está? Nosotros lo detendremos.
    -¡¿Us-ustedes?! ¡¿Qué pueden hacer unos simples niños contra un psicópata?!-
    Elaice: Estamos muy bien equipados mujer, no te preocupes.
    Rosas: Vaya forma de contestar Elaice.
    -Niños, agradezco lo que han hecho por mí, pero no digan tonterías. No piensen darle la cara a ese hombre, él sí está armado, y podría herirlos.-
    Sveta: Mmm... Darién, desenvaina tu espada.
    Darién: ¿Mi espada?
    Sveta: Sí, y menéala como metrónomo enfrente de la señora.
    Darién: ¿Estás, segura de lo que me pides?
    Sveta: *Asenta* Hazlo.

    No del todo convencido, Darién saca la Espada de la funda y la mueve de un lado a otro, esperando que la señora dijera algo por su arma, ella no lo hizo y sólo lo miraba con rareza.

    -Niños, este no es momento para bromas.-
    Sveta: Tal como lo pensé. Ya puedes guardarla Darién.
    Albus: Sveta, no entendí qué pasó.
    Sveta: Algo tienen ellos, que no pueden ver las espadas, ni el arco de Elaice ni la lanza de Wind.
    Albus: ¿Algo? ¿Qué tenemos de especial nosotros que, ellos no?
    Sveta: No estoy segura Albus.

    Desde lejos, un explosivo cae al suelo y detona, la explosión llamó la atención de todos, entre las nubes de humo y polvo, aparece un hombre con aspecto de ladrón, pero no como ladrón de la actualidad, más que nada parece bandido, de piel morena con algunas quemaduras tanto en el pecho como en su rostro, con unos extraños pantalones blancos algo rotos de las rodillas, zapatos marrones puntiagudos y un sombrero, con una hacha en la mano.

    -¡Es él!- Gritó la mujer con temor.
    Darién: ¡Rosas! ¡No fue...
    Rosas: No. Este es muy diferente que con el que nos topamos antes.
    Wind: Casi iguales Elaice, pero este se ve más feo.
    Elaice: ¿Tú crees? Me da asco verlo.
    Sveta: Debe ser su jefe.
    Albus: ¿De el que nos hablabas Sveta?
    Sveta: Sí, bueno, eso pienso yo.
    Elena: Se está acercando.

    -Vaya, vaya... ¿Cómo puede ser, que unos simples niños, hayan acabado con mis únicos tres matones? Pero bueno, eran unos completos inútiles, apenas y sabían esgrimir una hacha.-

    Albus: ¡Quién eres tú!
    Vic: Llámame, Vic. Tú debes ser Albus.
    Albus: ¡¡No!!
    Elena: ¡Albus, que no te confunda!
    Vic: Hmm, mejor no suelto la sopa, podría costarme la cabeza. Lo lamento niños, pero tendré que matarlos a todos.
    -¡No! ¡Deja a los niños ir!-
    Vic: Ojalá pudiera mujer, pero es un caso diferente.
    -¡Nunca! ¡Niños!-
    Sveta: No se va a tranquilizar.
    Albus: Este es el plan: Rosas, Darién y Wind, lucharán conmigo. Elaice, si alguien está en problemas, nos cubrirás atrás. Elena y Sveta, cuiden a la señora y a su hijo.
    Sveta: ¡Un segundo Albus!
    Albus: ¡No! ¡Si perdemos tiempo, no habrá vuelta atrás, hagan caso!
    Elaice: Vaya Albus, parece todo un líder, como en esas caricaturas. Pero, ¡a la orden!
    Rosas: Darién, esta batalla no será como las anteriores, ¿estás listo?
    Darién: Estoy más que listo, nunca dije que me echaría atrás.
    Wind: Buff... Bueno, juntos lo lograremos.
    Elena: ¡Albus!
    Albus: Estaré bien, no pierdas la fe, hermana.

    Elena calló al escuchar la forma en la que Albus la llamó.
    Todos ya están listos para luchar, mientras Vic se ríe.


    Vic: ¡Ja, ja, ja! ¿Piensan que lucharé solo? ¡Error!

    Vic dio un pisotón en el suelo, a los pocos segundos aparecieron Tarántulas, aproximadamente un metro mide cada una, tres en total son las que cubren a Vic en la línea frontal.

    Vic: ¡Carne fresca para ustedes, mis hijas!

    Albus: ¡Al ataque!

    Mientras tanto, en el interior de El Naranjito, Adabella se encuentra enfrente de un monumento, el cual no se puede deleitar ni la escultura ni el grabado porque están destruidos.
    Mirando con cuidado, descubre azulejos falsos debajo de la estatua, al removerlos, revela la entrada a un pasadizo secreto, al el cual desciende, equipada con un Arco Índigo por si es atacada por sorpresa.
    Entró, pero el caminó es un muy oscuro. Prepara el arco, cargando una flecha con la mano derecha y apuntando al frente.


    Adabella: "Un amanecer... Luminoso."

    Disparó, la flecha no pareció estrellarse o enterrarse en algo, pero su trayectoria iluminó todo el camino.
    A medida que entraba en lo más profundo, escucha sollozos y llantos, por las voces reconoce que son niños
    Llegó corriendo hasta el final del camino, encontró a muchos niños y a muchas mujeres, todos residentes del pueblo, todos la miraban, algunos con duda, a ella.


    Adabella: No se asusten, no estoy del lado de ellos. Todos son libres, salgan en orden.

    Le fue muy sencillo tomar el control, ninguno parecía alarmado.
    Muchas madres tomaron de la mano a sus hijos y caminaron hasta la salida, afortunadamente no encontró heridos o gravemente lesionados.

    Todos salieron, Adabella incluida.


    Adabella: Regresen a sus casas, y no salgan de ahí hasta que no vuelva la luz del día.

    Dio la orden y se retiró del lugar, comenzó a correr, guiada por una brújula holográfica que apunta hacia las afueras del vecindario, esperando dar con su nuevo objetivo.


    Del lado de Albus, la batalla ya había comenzado.
    La formación quedó de la siguiente manera: en el lado derecho se encuentra Darién, en el centro Rosas, del lado izquierdo está Wind, Albus se encuentra en frente de Rosas y Elaice se ubica detrás de los chicos, manteniendo distancia y evitar lanzar alguna flecha hacia ellos.
    A la señal de Vic, la Tarántulas comenzaron a atacarlos, ellos con la ayuda de sus armas se defienden, cada una de ellas fue a atacar a los chicos, dejando a Albus solo.
    Vic sólo mira, como si se tratara de un partido cualquiera, Albus no le pierde la vista.


    Vic: *Nich* ¿Tú qué miras?
    Albus: Lo mismo te pregunto.
    Vic: Me sorprende que unos chamacos como tú tengan tanto valor para no rajarse.
    Albus: *Sujetando firme la espada* ¿Vas a luchar o te quedarás ahí parado?
    Vic: Más te vale no provocarme, que no tendré piedad contigo, ni aunque me llores.
    Albus: ¿Llorar? Veamos quién llorará.

    Los chicos atrás no parece que tengan muchas dificultades.
    Quien ya aseguró su victoria es Wind, quien con un manejo impecable, derrotó a su enemigo con pocos golpes, atacando al arácnido hacia sus patas para hacerlo tropezar, y al caer al suelo, la elimina con una estocada.

    Darién, pese a su poca experiencia luchando contra monstruos, se defiende muy bien.
    Antes de dejar caer un corte, distrae a su oponente realizando cortes falsos, evitando tocar a su enemigo para confundirlo, y cuando llegó a estar arto, decidió darle un empujó a Darién, el cual esquiva al dar un salto y aprovecha el momento para dejar caer su espada en el corazón de la araña, acabándola de una vez por todas.

    Parece que Rosas sí tiene unos cuantos problemas, a diferencia de él, Darién y Wind, él maneja la espada con ambas manos, Darién es diestro y Wind y Albus son zurdos.
    No debería haber problema en eso, a pesar de ello, Rosas intenta dañar con golpes de punta, la Tarántula esquiva, fueron tantos golpes eludidos que cansaron a Rosas.
    En vista a eso, aprovechó el momento y le disparó seda hacia los pies, inmovilizándolo.


    Rosas: ¡Ah!

    Elaice: ¡Rosas, la ayuda va en camino!

    Elaice cargó una flecha tan rápido como pudo, y sin apuntar disparó, dio en la cabeza del insecto.
    Rosas cortó la seda y dejó caer un corte vertical, dándole fin a su escurridizo rival, pero la batalla no había acabado, Rosas no lo cortó completamente y regresó a la forma de un Limo Azul, quien se lanza para atacar de sorpresa a Rosas.
    Darién y Wind corrieron tan rápido como pudieron para protegerlo, pero no llegarían, sin embargo Albus sí puede, realizando otro salto horizontal con la espada lista para el corte definitivo.


    Rosas: Vaya, esa no la vi venir. Lo lamento chicos.
    Darién: No Rosas, todos hicimos lo que pudimos.
    Wind: Ja ja, esas "bestias" no eran rival para mí

    Vic: ¡¿Cómo?! ¡Derrotadas! Esto no es bueno...

    Elena: ¡Albus! ¡El bandido se escapa!

    Albus: ¡No lo permitiré!

    Aunque no participó directamente en la lucha, Albus ya se estaba cansando por los saltos constantes, sólo le queda fuerza para hacer uno más.
    Vic ya ganó distancia, pero Albus no piensa retractarse. Se prepara para un último salto, al ejecutarlo, fue más largo que los últimos dos, pero no alcanzó a Vic por unos cuantos centímetros.
    Apoyándose de su espada, Albus intenta recuperar el aire perdido inclinándose en el suelo.
    Vic, aprovechándose de la situación, saca su hacha, apuntando a la cabeza de Albus.


    Vic: Te dije que no me tentaras.
    Albus: ¡Buagh! ... Ah...
    Vic: ¿Unas últimas palabras?
    Albus: ¿"Últimas palabras"? ¿Quién eres para callarme? Sólo mi mamá me dice cuándo estar callado.
    Vic: ¡Mmmrr! ¡Miserable insecto!

    Elena: ¡¡Albus!!
    Sveta: No lo hará...

    Rosas - Elaice: ¡¡Albus!!
    Darién: ¿Se atreverá? Wind: Ese hombre está enfermo...

    Nadie se percató, pero a una velocidad extrema, una espada se desenvaina y taja a Vic, dándole un golpe de lleno, derrotándolo y haciendo que caiga hacia el suelo.
    Quien salvó la vida de Albus fue Romain, el Espadachín quien conoció a Albus y a sus amigos en la primera Luna Sagrada.



    Vic: ¡¡AAGH!! ¿Qué...
    Romain: Debería darte vergüenza el querer lastimar a un niño.
    Vic: Ro... Romain, el, Espadachín...
    Romain: ¿Estás bien, Albus?
    Albus: *Bosteza*... Sí, un poco cansando, pero estoy bien.
    Romain: Es bueno saberlo, Erico. [Serio] *Mira a Vic* ¿Ves a estos chicos? Ninguno tuvo miedo de detenerte, ni a tus lacayos ni a ti mismo, ¿y sabes por qué?
    Vic: ... Ay...
    Romain: Ellos, sin importar si es un mal día o la peor de las noches, caminaron entre la oscuridad para encontrar la luz al final del túnel.
    Están llenos de esperanzas y de buenas intenciones, en cambio tú, buscaste sólo ser temido saqueando a personas inocentes y secuestrando a personas indefensas.
    Tarde o temprano, llegarían, y así fue, te derrocaron y no pudiste impedirlo, aquel miedo que tú y tus hombres sembraron, fue erradicado totalmente gracias a una luz Resplandeciente, y esa luz, la porta él, Albus Erico.
    Vic: Agh...
    Romain: Es suficiente. Ya no hay miedo, ni se respira, ni se contagia.

    Se escuchó un crujido muy fuerte, provino del cielo, de la Luna Sagrada exactamente.

    Elaice: *Señala al cielo* ¡Miren allá! ¡Se está partiendo!
    Rosas: ¡Al igual que la Luna Sagrada Azul!
    Darién: Pero, ¿por qué se rompe?
    Wind: *Chifla* Esto es nuevo para mí.

    Elena: Asombroso...
    Sveta: Finalmente, otra... Luna Sagrada fue destruida... por ahora...

    Sveta cayó inconsciente al suelo, Elena y la mujer que estaba con ella todo este tiempo trataron de despertarla, pero fue más que inútil, Sveta se desvaneció enfrente sus propios ojos.
    La mujer se desmayó de la impresión, mientras que Elena ya sabía que algo pasaría.


    Elena: *Suspira* Descansa amiga, ya hiciste lo tuyo.

    Romain: Confiesa forajido. ¿Quién te "pagó" para deshacerte de Albus y tus amigos?
    Vic: ¡N-nunca! ¡Nunca, lo diré!

    La luna ya está desapareciendo del cielo, falta poco para que la luz del día regrese a El Naranjito.
    Vic no dijo ninguna otra palabra, Romain no lo forzó, mucho menos Albus, quien está cerca de él.


    Romain: Dentro de poco todo volverá a la normalidad. Erico, tú y tus amigos deberían volver a casa, ahora que la situación se ha tranquilizado.
    Albus: Supongo que sí. Mmm...
    Romain: ¿Sucede algo?
    Albus: Salimos de casa para encontrar a mi madre, y no la hemos hallado.
    Romain: Adabella no debe estar muy lejos.
    Albus: ¿Conoces a mi mamá?
    Romain: Fuimos compañeros en una ocasión. Es una larga historia.

    -Has fallado Vic, ya no te necesitamos.-

    Vic: N-no...

    Todo se silenció, justo cuando el cielo regresó a la normalidad, vuelve cubierto de nubes oscuras, y cualquier reloj marcaría que el anochecer está cerca.
    Justo en el punto donde se encuentran Albus, Romain y Vic, se concentra energía eléctrica en las alturas, Romain lo vio con mala cara.


    Romain: Esto no es bueno. ¡Atrás!
    Albus: ¿Qué--
    Vic: T-tenga, piedad...

    Cuando llegó a su punto, un rayo se liberó de la concentración, cayendo sobre Vic y acabando con sus existencia.
    Romain tomó a Albus y escaparon antes de que el relámpago impactara con ellos.
    Lo que fue de Vic ahora es nada, se desintegró por completo.
    Rosas y los demás se acercaron hacia donde están Albus y Romain, Elena conjuró una barrera sobre la madre y su hijo antes de irse y alcanzar a los demás.


    Rosas: ¿Qué le pasó?
    Elaice: Rosas, esto no me gusta.
    Darién: Sé que un rayo es capaz de matar a alguien, ¿pero de esta manera?
    Wind: *Señala* Chicos, alguien se acerca.

    Una figura, suponiendo ser humana, encapuchada por completo de ropas oscuras, apareció tras la caída del rayo.
    Todos, estando frente a ello, están preparados para atacar si este se mueve, pero está muy quieto.
    Romain es quien lo ve de mal gusto.


    Albus: ¿Quién es él?
    Romain: Es un Fanático, puede ser peligroso.
    -Mmm... Dos Lunas Sagradas destruidas... Grave error.-
    Albus: Mmm...
    -¿Y por qué todos están rodeándome? Ninguno de entre ustedes es de mi interés... Sólo, tú, Elena.-


    Señalando a Elena, ella retrocede.
    Rosas corre hacia Elena para protegerla, situándose enfrente de ella.
    Elaice de inmediato prepara una flecha, y sin reflexionar dispara.
    El sujeto misterioso esperó un momento hasta que la flecha estuviera cerca de impactarla en la cara, y cuando eso se pensaba, la detuvo con una mano, tan rápido fue el movimiento que no se supo cuándo reaccionó.
    Con la flecha en la mano, la pulveriza, y sus restos los arroja al suelo como si fuera basura.


    Elaice: ¡No puede ser! ¡La destruyó!

    -Niños incompetentes... No debieron haberme provocado.-

    Juntó sus dos manos, a los pocos segundos se formó una esfera con energía eléctrica.
    Al adoptar el tamaño de una pelota promedio, la arrojó contra el suelo y al caer, generó una onda de choque, la cual se expande hasta golpear a todos.
    Todos se cubrieron, Rosas se lanzó hacia Elaice para protegerla, y aunque ambos recibieron parte del choque, Rosas quedó peor herido.
    Darién y Wind resistieron un poco, pero la onda es muy fuerte y fueron empujados por la misma, cayeron inconscientes.
    Romain pudo cubrirse y resistir con tan sólo colocar su espada al frente para evadir daños de la expansión, Albus saltó muy alto, e hizo el Corte Giratorio para ganar todavía más distancia y eludir.
    Elena, aun cubriéndose, no fue afectada, ni golpeada, por el ataque.
    Las armas de los chicos desaparecieron al caer ellos.


    Elena: ... *Retirando sus brazos*... Pero, ¿por qué no fui lastimada? *Volteando a los lados* ¡No, chicos!

    Albus: ¡Elena, sal de ahí!

    Elena: ¡¡Albus!!

    -Fueron tus poderes los que te protegieron.-
    Elena: ¿Mis, poderes?
    -Así es. Elena, deja atrás esta forma de vida, y ven a mí. Te llevaré a tu verdadero destino.-

    Albus: ¡No si puedo evitarlo!

    El sujeto encapuchado extendió su mano hacia Elena, llamándola.
    Ella en un principio se negó, pero pronto cayó sumergida, como hipnosis, y comenzó a caminar hacia la silueta.
    Albus sigue en el aire, lentamente cae, pero trata de impulsarse para alcanzar a Elena.


    -¡No interfieras!-

    Extendió el brazo izquierdo en dirección a la ubicación de Albus, haciendo un movimiento con los dedos.
    Pronto, Albus se paralizó en el aire, no puede descender, y todo porque se formó una especie de telaraña, la cual impide que caiga.
    Por ahora todo quedó a manos de Romain, quien rescataría a Elena de no ser que una araña apareció en su camino, y esta lo retiene al ser más ágil que las que Albus y sus amigos derrotaron.


    Albus: ¡No, Elena! ¡Elena despierta!

    Y justo cuando estaba cerca de tomar la mano de Elena, dos flechas de luz fueron disparadas de la nada; una impactó contra el brazo derecho del ser misterioso, y la otra con la araña, la acabó con un tiro.


    Adabella: ¡Aléjate de mi hija!

    Adabella llegó, aprovechando que el sujeto intenta calmar su dolor, corre y toma a Elena, alejándola de él.
    La telaraña que retuvo a Albus desapareció, cae ligero y finalmente toca tierra. Sin olvidar lo que pasó, corre hacia el encapuchado, con su espada lista.


    Albus: ¡No te vuelvas a acercar a Elena!

    Estando en frente suya, le asestó una estocada, tan fuerte fue su golpe que logró derribarlo.
    A los pocos segundos, vuelve a levantarse, pero pareciera que los golpes sólo lo empujaron, pues no presenta heridas, a excepción de la flecha que le lanzó Adabella.

    -Llegará la última Luna Sagrada, ¡y no podrán hacer nada para evitar vuestro terrible e inevitable final!-

    Desapareció, sin dejar rastró alguno.
    Todas las nubes oscuras en el cielo también se desvanecen, dejando sólo un cielo estrellado y una luna menguante.
    Romain se acerca a todos los niños que cayeron tras el golpe, verifica que todos estén bien, afortunadamente respiran y tienen un pulso normal.
    Albus corre hacia su madre, quien carga a Elena entre sus brazos, ella quedó dormida.


    Albus: *Sonríe* [Muy alegre] ¡¡Mamá!!
    Adabella: Albus, hijo mío, me alegra saber que estás bien.
    Albus: ¡Claro mamá! Yo y mis amigos luchamos--
    Adabella: Pero no puedo creer que hayas luchado usando mi espada.
    Albus: [Sorprendido] ¿Tu... tu espada?
    Adabella: Así es, la hoja Resplandeciente, la he poseído por tantos años, nunca pensé que la empuñarías siendo tan joven.
    Albus, desde que te encontré en mi habitación aquel día, sospeché que la habías visto, inclusive desenvainado, además, tú tienes como yo, un Brazalete Blanco.

    Albus pudo ver en la mano derecha de su madre dicho Brazalete Blanco que mencionó, él mostró el suyo, que está a mano izquierda.

    Albus: Mamá, ¿y el arco? También lo usé, pero sólo dos veces.
    Adabella: Este Arco... También tiene su historia, no era mío desde un principio.
    Albus: Mamá, ¿te molestó mucho que yo usará la espada y el arco?
    Adabella: A decir verdad, no Albus. En los últimos días, han sucedido todo tipo de cosas, la mayoría de ellas, nadie aquí en la tierra es capaz de tratar con ellas, están muy lejos de su alcance. Morirían en el intento.
    Albus: Pero mamá...
    Adabella: *Niega con la cabeza* Albus, lo únicos capaces de luchar contra aquellas amenazas somos nosotros, los portadores de las armas quienes su poder eliminará todo mal.
    Albus: Entonces... Ya sé qué hacer.

    Los demás niños despertaron, Rosas y Elaice al ver a Adabella, corrieron muy contentos hacia ella.
    Darién y Wind también los acompañaron, caminando, pero llegaron.
    Romain también vino.


    Romain: Tu hijo tiene mucha habilidad Ada, lo he visto luchar es un todo un guerrero.
    Adabella: ¡Romain, qué sorpresa!
    Romain: Ha pasado mucho tiempo.
    Albus: ¿Se conocen?
    Romain: Cuando éramos jóvenes, es otra historia.
    Adabella: Gracias por haber ayudado a Albus.
    Romain: No es nada. Bien, yo tengo que irme.

    Romain guardó su espada y se retiró del lugar.
    Adabella les indica a todos los niños que la acompañen a ella y a Albus hasta su casa, todos caminan.

    Al llegar, Albus miró la casa antes de entrar, la barrera de Elena había desaparecido.
    Cuando abrió la puerta, Venus se lanzó hacia él, como si supiera que él llegaría pronto.


    Venus: ¡¡Albus, te extrañé mucho!! ¿En dónde estabas?
    Albus: Auch... Venus...
    Adabella: Venus, ¿estabas aquí todo el tiempo?
    Venus: Sí, me quedé dormida, pero algo me dijo que me despertara pronto.
    Elaice: (Seguramente por Albus, no lo dudo).
    Adabella: ¡Ji ji! Niños...

    Todos descansaron tras lo ocurrido.
    Adabella los invitó a cenar a todos, ahí también conoció a Darién y a Wind, también amigos de Albus.
    Cerca de las 8 PM, todos están por retirarse, a excepción de Elena, quien todavía sigue dormida.
    La despedida será en la puerta de la casa.


    Rosas: Entonces, Elena se quedará con usted.
    Adabella: Así es, el día de mañana los profesores tendrán junta, y suspenderán las clases.
    Elaice: Ah, está bien, estoy muy cansada después de todo eso.
    Darién: Muchas gracias por la cena señora.
    Wind: Ha sido un gusto compartir tan deliciosa merienda con su hijo y con usted.
    Adabella: *Sonríe* Siempre serán bienvenidos a esta morada niños.
    Venus: ¡Hasta mañana Albus!
    Albus: Nos vemos Venus.

    Los niños tomaron camino de regreso al Orfanato Crepúsculo, mientras que Albus y Adabella entraron de nuevo a casa.
    Adabella le dijo a Albus que tenía que hablar con ella, quedaron de verse dentro de cinco minutos, en la habitación de Ada.
    Tras un tiempo, Albus entra al cuarto, puede ver a su madre sentada en su cama y a Elena, aún dormida, a su lado.


    Adabella: Toma asiento Albus.

    Camina y se sienta al lado izquierdo de su madre, casi pegado a la pared.
    El ambiente del lugar está muy tranquilo, sólo se pueden escuchar los cantos de los grillos de las afueras.


    Albus: ¿Qué es mamá?
    Adabella: Albus, alguna vez te has preguntado, "¿quiénes fueron mis padres?"
    Albus: ¿Yo? Mmm...
    Adabella: No respondas. Hijo, esperemos que Elena despierte el día de mañana, tengo que hablarles a ambos de algo muy importante.
    Albus: ¿Ah sí?
    Adabella: *Asenta* Sí. Serán, cosas que a la larga entenderán, pero sobresaldremos de ellas mismas.
    Albus: Mamá, tengo una duda.
    Adabella: ¿Qué es, Albus?
    Albus: Cuando le disparaste una flecha a ese sujeto, le gritaste "aléjate de mi hija", pero el modo en el que lo dijiste fue muy diferente.
    Adabella: De eso también hablaremos mañana. Ya es muy tarde hijo, ve a tu cuarto y duérmete, hoy ha sido un día muy agotador.
    Albus: Es cierto. Bueno mamá, buenas noches.
    Adabella: Que descanses Albus.

    Albus sale de la habitación, cerrando la puerta, dejando a Adabella sola con la durmiente Elena.
    Acariciando sus cabellos, le mira.


    Adabella: Los días en lo que fue escondido un gran secreto, ya están por llegar a su fin. Estoy segura, de que Albus y Elena estarán de acuerdo en un futuro. Esto no es ni será un cambió...
    Mis hijos... A los tres nos esperan muchos retos, muchos serán muy dolorosos, pero con esas heridas, seguiremos adelante.

    Final del Capítulo.

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  3. #13
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    Parte 1 - Capítulo Final

    Parte 1 - Infancia.
    Cuando Nacen Las Esperanzas.

    Capítulo Final - Nacen Esperanzas Para El Mañana.
    A Partir De Ahora, Juntos.

    8 de Septiembre.

    A la habitación de Albus llegó un olor a su nariz, misma que lo despierta, amaneció con mucha hambre.
    Se levanta de su cama, dobla las sábanas y reacomoda las almohadas, y cambiado de atuendo, sale de su habitación.
    Justo al salir, Elena salió de la alcoba de Adabella, se le ve confundida.


    Elena: ¿Albus? ¿Qué hago yo aquí, de nuevo?
    Albus: Terminaste muy cansada tras la batalla de ayer. Como no despertabas, mamá te trajo aquí.
    Elena: ¡Ah! ¿Qué pasó con...
    Albus: Los demás están bien, seguramente están dormidos aún, allá en el orfanato. Y Venus también despertó, tarde, pero despertó.
    Elena: Ya veo... Vaya...

    Se escucha un rugido, provino del estómago de Albus.
    De la vergüenza se cubrió las mejillas, Elena se ríe tras lo último.


    Albus: ¿Ba-bajamos?
    Elena: Claro, también tengo hambre, seguro mamá está preparando algo rico.

    Los niños bajan las escaleras y llegaron al primero piso.
    Adabella se encuentra en la cocina, los niños le saludan al verlo.


    Adabella: *Sonríe* Buen día pequeños. ¿Cómo amanecieron?

    Albus: Muy bien mamá. *Se estira* Umm... Sí, muy bien.
    Elena: Qué bien se siente despertar en un nuevo día.

    Adabella: Qué bueno. Vayan a lavarse las manos, el desayuno está casi listo.

    Albus y Elena caminaron al baño del mismo piso, Albus deja entrar primero a Elena, segundos después, pasa él.
    Cuando regresaron al comedor, Adabella ya les esperaba en la mesa, los platos están servidos, el día de hoy: arroz con carne chinameca en trocitos.
    Albus soltó un grito de alegría, y eso se debe a que es su segundo platillo favorito.
    Ambos toman asiento.


    Albus: ¡Gracias mamá!
    Adabella: ¡Ji ji, por nada hijo!
    Elena: Wow... Provecho para todos.

    En el desayuno, ninguno de los tres habló como lo habían hecho antes.
    Tras 12 minutos, Albus terminó, primero que las chicas, y ruega por otro plato, el cual su madre se lo niega, a pesar de ello, está satisfecho.
    Elena, en coincidencia con Adabella, fue la segunda en terminar, Albus recogió todos los trastes, vasos y cubiertos usados para llevarlos al lavabo, respectivamente, limpia cada uno.
    Luego de irse a lavar las manos y cepillarse los dientes, Ada les pide a los chicos que la acompañen un momento más en la mesa, Albus recordó que ella le dijo que tenía que hablar con ambos, enseguida fue, Elena le sigue.
    Vuelven a tomar asiento, Adabella se ve muy tranquila.


    Adabella: ¿Les gustó el desayuno de hoy?
    Albus: ¡Claro mamá! ¿Por qué no habría?
    Elena: Todo estuvo muy delicioso, gracias.
    Adabella: Por nada corazón.
    Albus: ... Mamá, ¿vamos a hablar de lo que me dijiste?
    Adabella: Antes dé, quisiera contarles una pequeña historia. Les pido mucha atención por favor.
    Elena: Cla, claro.
    Adabella: Gracias. Permítanme comenzar...


    Hace años, dos jóvenes subieron la colina más alta de su pueblo, en una noche estrellada.
    Una noble joven de cabellos rubios, le pidió un deseo a la luna, mientras la deleitaba en la colina más alta en tierras lejanas.
    Ella no estaba sola; su acompañante, un chico de cabecera pelirroja, le preguntó:

    -¿Es a la luna, y no a las estrellas?-

    Y ella respondió:

    -Tengo la fe, en que ella, podrá hacer realidad mi sueño.-

    Él no renegó, y la acompañó hasta el último momento de la noche.
    De repente, algo extraño sucedió... La luna comenzó a cambiar de colores, pronto se tornó oscura, y finalmente se volvió amarilla por completa.
    Su acompañante, por un segundo se llenó de miedo, pero ella, tomando su mano, le dijo:

    -No te asustes.-

    Sin objeción alguna, se quedó, sujetando con firmeza y delicadeza la mano de aquella mujer.
    Ella le pidió a la luna, que le diera la oportunidad de dar amor, compañía, consuelo, y compartir todos sus conocimientos, al lado de quienes merece estar.
    La luna cambió de colores de nuevo al terminar su deseo, esta vez cambió a ser roja, ahora ella sentía algo de duda, él se dio cuenta:

    -¿Por qué pensarlo dos veces?-

    Aquel hombre, inspirado de aquella mujer, también quiso pedirle un deseo a la luna de colores rojos.
    Él pidió, recibir el poder de proteger, defender a quienes él sentirá afecto algún día, poder prometerles un pacífico mañana, y convivir el resto de sus días en alegría con quienes amará.
    La luna regresó a su estado normal, su color plateado, y ambos, sin darse cuenta, cayeron dormidos tras pedir sus deseos.

    Las horas transcurrieron, quien despertó primero fue la mujer, quien quedó asombrada con lo que sus ojos estaban viendo, al recordar sus deseos, le pegó un poco de tristeza... pero aquel joven quien estaba a su lado, despertó y le tomó el hombro, mostrando seguridad, aunque sentía algo de incertidumbre...
    Entre los dos, se apoyaron para no pensar en ningún mal, y juntos apreciaron la última transformación de la luna, su color era azul.

    Como si pensaran lo mismo, recitaron a la vez:

    -Llévame al lado de la persona, a la que, con su ayuda, haré realidad mi más grande anhelo.-

    La luz de la luna iluminó los ojos de quienes merecían con todo derecho, cumplir sus cometidos.
    Tanto tiempo conociéndose, y hasta aquella noche, lo supieron.
    Desde un principio, su destino era vivir juntos.
    En secreto, vivían enamorados el uno del otro, hasta que en aquella noche, bailaron debajo de la luna.

    Pasó mucho tiempo para comprobar si era verdad lo que ambos pensaban, y tiempo después, se casaron, dando el primer paso en la construcción de un amanecer resplandeciente.

    Dicha pareja tuvo dos hermosos hijos, un niño y una niña, ambos de cabellos azules, como la luna que los alumbró.
    El niño recibió el nombre de Erico, y su hermana, Amancay.
    Sus padres trabajaban muy duro, día con día para regresar a casa y ver los rostros alegres de sus pequeños.

    Solían salir a las praderas, en cálidas y mansas mañanas.
    Los niños jugaban en los alrededores, corrían sin descansar, sus padres eran felices al ver a sus hijos tan contentos.

    ... Pero, tiempo después, algo pasó...

    En el pueblo donde habitaban, fue atacado por sorpresa por extrañas amenazas, destruyendo todo a su paso.
    Aquel padre de los niños era un arquero, el más respetado entre todos, y luchó contra las bestias al lado de su mujer, y madre de sus hijos, ella cargaba una espada, además era una poderosa maga.

    Fue una intensa batalla, mientras aquella chica arriesgaba su vida luchando en las líneas fronterizas, su amado la protegió en las barracas traseras.
    Aquellas criaturas no eran ni humanas ni animales, era algo muy extraño, pues estar, aún adoptando distintas formas, vivían, estando muertas en lo más profundo de tales.

    Lograron acabar con el caos, sus hijos presenciaron toda la pelea, ninguno tuvo miedo de perder a sus padres, de pensamiento, los apoyaron.
    Les rogaron para enseñarles las artes de la esgrima y la arquería, y ellos aceptaron, siempre y cuando prometieran que las usarían sólo para el bien, eso no se dudó, y confirmaron.

    Erico dominó con mucha sencillez la esgrima, tras esto, su habilidad con los arcos también era increíble, su padre se sentía muy impresionado tras lo que veía.
    Amancay no corrió con la suerte que su hermano, tenía una destacable puntería, pero esgrimir espadas, a la larga no era lo suyo... Ella no se rindió, por más difícil que le era posible.
    Su madre, preocupada por su hija, decidió enseñarle las artes mágicas, para ello, dependió de un libro, el cual sólo las mujeres de su familia lo han portado, Amancay en un futuro sería la siguiente.

    Tristemente llegó un día en el que los hermanos, salieron de casa para ir a jugar, pero se perdieron entre los bosques, conocidos como "El Ecosistema Perdido".
    Al saber de esto, un dolor demasiado tajante llegó a sus corazones, pues entrar a dicho lugar, no es posible salir.

    Antes de partir a la búsqueda de sus hijos, quedaron de acuerdo en una cosa... Él buscaría a Amancay, y ella miraría por Erico, y antes de separarse, esa mujer le dio a su marido su libro de hechizos, y le dijo:

    -Cuando encuentres a Amancay, entrégaselo, ella sabrá qué hacer con él.-

    Tenía duda, pues no sabía que su amada le enseñaba a su hija magia, pero sin rechistar, respondió:

    -Y cuando encuentres a Erico, dáselo de mi parte, ahora le pertenece.-

    Y le entregó su arco, el corazón de aquella mujer sentía que era perforado, pero no se dio por vencida, y lo tomó.

    Entraron, y fue la última vez que se vieron las caras.

    La noche cayó, la búsqueda no terminaba...
    Justo cuando la primera lágrima sería derramada, apareció Erico, y era él quien liberó su llanto... Pero, no recordaba el por qué de ello, al ver a su madre, corrió hacia sus brazos y la abrazó, la extrañó mucho.

    Fue un milagro, pero salieron del ecosistema, y bajo de la orden de la madre de Erico, esperaron hasta el amanecer del día para volver a verse con su amado y su hermana Amancay... Pero no volvieron a verlos...

    Erico no recordó nada de Amancay, para él, era como si ella nunca hubiera existido, su madre no intentó ayudarle a recordar, guardó el secreto... Hasta el día de hoy.


    Albus y Elena intercambiaron miradas, Albus era el más espantado, porque Erico es su segundo nombre, está totalmente confundido.
    Elena pudo imaginar claramente la historia que les narró Adabella, entre esos momentos, recordó uno de sus sueños, tal en donde ella corre en un campo junto con otro niño, y una mujer rubia y un hombre pelirrojo, juntos, observándolos.


    Adabella: *Niega con la cabeza*... ¿Tienen preguntas?
    *Albus alzó la mano*
    Adabella: Dime, Albus.
    Albus: ... Esos niños, su mamá y su papá... ¿Quienes, eran?
    Adabella: Erico era, y eres tú, Albus. Amancay era, y es... Elena... Y sus padres, era y soy yo, su madre. Su padre...
    Elena: ¡E-espere! Definitivamente no entiendo nada, ¿qué sucede realmente?
    Adabella: Elena, la verdad es que tú y Albus, son hermanos, son los mismos niños que se perdieron en El Ecosistema Perdido... Al entrar, trataron de buscar la salida, pero al hacerlo, perdieron la memoria.
    Albus - Elena: ¿Pero, cómo?
    Adabella: Cuenta la historia que, si alguien entra en el ecosistema, corre el riesgo de perderlo todo, y morir dentro del mismo... Fue un milagro, pero sólo ustedes perdieron sus recuerdos, no logro entenderlo.

    Llega un momento de silencio, todos callaron.
    Albus contó hasta 70 segundos, y volvió a hablar.


    Albus: Tengo otra pregunta. Dices que, aquel hombre, te entregó su arco, ¿es el mismo que usaste para luchar contra el Fanático?
    Adabella: En efecto es el mismo. Lo he conservado desde ese entonces.
    Elena: ... ¿Y el libro...?
    Adabella: Yo se lo entregué a tu padre, para que él te lo diera a ti, y así, continuarías tu estudio de la magia.
    Albus - Elena: ¿Cómo se llamaba nuestro padre? ¿Qué fue de él?
    Adabella: Su nombre era Eusebio, que descanse en paz. Elena, si todavía lo recuerdas, ¿sabes qué fue de él?
    Elena: Mmm... No puedo recordarlo, lo último que sé, es que desperté en el Orfanato Crepúsculo en una noche, al lado de Venus, Rosas y Elaice... Tenía 5 años.
    Adabella: *Suspira* Eusebio...
    Albus: Mamá, tengo que contarte algo. Ese día, cuando Elena y yo nos enfermamos, tuvimos el mismo sueño.
    Elena: *Mirando a Albus* Eso... *Mirando a Adabella* Es verdad, esa niña era yo, y el niño era Albus.
    Albus: Tú estabas ahí mamá, y ese hombre pelirrojo era...
    Adabella: Su padre.
    Elena: "Como hermanos, ¿no lo crees Elena?" ¿Recuerdas Albus? Eso que me dijiste en ese día... Entonces, sí somos hermanos... Pero sigo sin entender muchas cosas.
    Albus: ... He tomado mi decisión.
    Adabella - Elena: ¿Albus?
    Albus: Siento que mis recuerdos están ocultos en algún lugar, y, los encontraré a como dé lugar. Tal vez no sé cómo, pero haré lo que sea por hallar mis recuerdos y los de Elena, y no perder en mi memoria los pocos momentos que viví con mi padre.
    Elena: Yo tampoco recuerdo a papá... Pero, algo me dice que sigue vivo, y la respuesta está en esos recuerdos.
    Adabella: Erico... Amancay...
    Albus: *Sonríe* Déjalo en mis manos. No sé por dónde empezar, pero...
    Adabella: Elena, muéstrame tu libro de hechizos.
    Elena: Claro, aquí lo tengo.

    Elena dejó el libro en un estante de la casa, se paró para ir a buscarlo y se lo entregó a Adabella.
    Abre el libro, buscando una página en específico, pero al llegar a ella, hizo una mueca de susto.


    Albus: ¿Mamá?
    Elena: ... ¿Má?
    Adabella: No está...
    Elena: ¿Qué no está?
    Elena: Una página, contiene el hechizo "Memoriae", que en latín significa Recuerdos... Elena, ¿no arrancaste la página por error?
    Elena: Nunca había leído, o escuchado, algo sobre un hechizo de ese nombre, no miento.
    Adabella: [Desanimada] Ay... Estábamos tan cerca.
    Albus: No te pongas triste mamá, con o sin el hechizo, seguiremos buscando.
    Adabella: Albus...
    Elena: Y partir de hoy, ¿volverás a ser mi mamá, y tú mi hermano, Albus?
    Albus: ¡Claro! Bueno... Qué decir, me pregunto.
    Elena: Pues, llámame hermana, o Elena, como así ha sido. ¿Podré acostumbrarme a Amancay?
    Adabella: Hijos, lamento mucho si les hice pasar un mal rato.
    Albus: Para nada. Al contrario mamá, estoy muy contento por saber que tengo una hermana, y que podré jugar con ella todos los días.
    Elena: Yo también quiero darte las gracias mamá, porque a partir de ahora no estaré sola. Bueno, nunca lo he estado, mis amigos del orfanato siempre han estado conmigo. Somos una gran familia.
    Albus: Mmm... Oye Elena ¿has pensado qué dirán los demás cuando les contemos todo esto?
    Elena: ¿Eh? Oh no, no sé cómo reaccionarán. ¿Creen que les disguste?
    Adabella: No lo sabremos hasta que llegue el momento.

    La plática terminó, los tres se levantaron de la mesa.
    Adabella entró a su habitación, Elena pidió si podía estar con ella, y ambas subieron las escaleras.
    Albus se quedó, salió al patio de la casa para respirar aire fresco, aprovecha para reflexionar sobre lo último, solo.


    Albus: (Así que, tengo una hermana, Elena es mi hermana... Y tuve un padre, del cual no recuerdo nada... ¿Qué habrá pasado con mis recuerdos de aquella vez? Lo único que tengo es mi sueño, nada más...
    Tengo el presentimiento de que mi vida cambiará mucho, y que todavía hay muchos misterios por resolver...
    Si quiero saber de mi pasado, me gustaría saber más del pasado de mi madre, ¿y de mis amigos?)


    Pronto, y sin la petición de Albus, su espada apareció en su mano izquierda, fue muy rápido, se queda mirando el filo.

    Albus: ¿La espada? Pero si no la he llamado. ¿Por qué--

    La respuesta llegó antes de terminar la pregunta.
    Frente a él, apareció un niño, con las mismas características físicas que Markus, de hecho, parece que es él; a pesar de su oscura vestimenta, se le ve muy serio y no le quita la mirada a Albus.


    Albus: [Atónito] ¿Markus? ¿Markus, qué haces aquí?
    -¿Cómo, me llamaste?- Dijo inclinando la cabeza.
    Albus: Markus, te llamé por tu nombre.
    -... No sé de quién me hablas, exactamente...-

    Aquel chico extendió su brazo derecho, y cerrando su puño, se concentra luz púrpura, Albus puede verla sin problema, pero tiene un mal augurio.
    Pronto, apareció una espada idéntica a la arma de Albus, sólo que el mango es completamente negro con detalles morados y la hoja de la misma es más grisácea.
    Al tener su espada a la mano, señala a Albus con la misma.


    -Me molestas mucho. No veo color en ti.-
    Albus: *Adoptando una pose de pelea* ¿Qué tratas de decirme? Markus, soy yo, Albus.
    -Ojalá no vuelva a escuchar ese nombre...-
    Albus: ¡Ngh! ¡Qué remedio!


    Estando en un espacio abierto, no tendrán problemas en el momento de atacar, al menos una persona así lo piensa.
    Albus realmente no quiere pelear, más que nada por el hecho de no saber por qué está siendo atacado por un supuesto Markus.
    Sujetando con mucha fuerza su arma, corre hacia Albus para asestarle un corte vertical, el cual bloquea, pudo retener el ataque.


    Albus: ¿Realmente quién eres?
    -... Una vez fui una persona, ahora mismo, no soy nada...-
    Albus: ¡No entiendo!
    -¡Ninguno de los dos, entiende!-

    Aplicando fuerza, se empujaron ambos chicos, y saltaron hacia atrás para separarse.
    Albus no piensa en correr y huir, pero intenta hacer tiempo para ver quién se cansará primero.
    "Markus", ahora tomando con ambas manos su espada, realiza un salto muy grande, con el cual deja caer un corte horizontal pero más potente al caer de mayor distancia.
    Albus reflexiona el momento y prefiere esquivarlo. En el momento perdido, corre hacia "Markus" y ejecuta una barrida, para derribarlo, sin usar su espada como golpe secundario.
    Ambos yacen en el suelo, el primero en levantarse es el Daren oscuro, quien aprovecha el estado de Albus para impedir que se mueva; se coloca frente a él y le apunta con su espada, dejándolo contra la misma y el suelo.


    -Esto acabará aquí... Finalmente...-
    Albus: Mss...
    -... ¿Qué, pasa?-
    Albus: ¿Eh?
    -No tienes, miedo por lo que te haré... ¿No?-
    Albus: No tengo miedo, y no sé por qué tenerlo.
    -Esto, yo no...-

    Sveta: + ¡Onda de Fuego! +

    Albus: ¿Qué cosa?

    De una dirección lateral, es disparada con mucha velocidad lo que parece ser una cuchilla que, conforme gira en el aire, se envuelve en fuego y golpea al Markus oscuro.
    No fue un daño grave, pero logró empujarlo y tumbarlo, aunque no soltó su espada.
    Aquella cuchilla resultó ser un Abanico, el cual regresó a las manos de Sveta, quien ayudó a Albus.
    Ella corre a él para verlo y ayudarle a levantarse.


    Sveta: ¿Te encuentras bien?
    Albus: Emm... Ajá.
    Sveta: ¿Te hirió? ¿Te golpeó?
    Albus: No, no me pudo hacer nada.

    -Demonios...-

    Tras una ola de viento, se vuelve una sombra y desaparece frente a los ojos de los niños, en parte aliviados por haberse librado de ese peso y a la vez confundidos, mayormente Albus.

    Albus: Es extraño... Pero algo me decía que no era el Markus que yo conozco.
    Sveta: Gracias a Dios que no te pasó nada grave, me temía lo peor.
    Albus: Gracias a ti también Sveta, por haberme ayudado. Oye, ¿cómo sabías que estaba en medio de una pelea?
    Sveta: ¿Qué? Pues... Verás... ¿Podemos ir a caminar?
    Albus: *Mirando su casa* No creo que me hablen en un rato. Bueno, dime a dónde vamos.
    Sveta: Ven, sígueme.

    Sveta guía a Albus a una calle detrás de la avenida, rumbo abajo.
    Caminaron hasta llegar a una clase de jardín cercano a un estanque de agua pura, vieron una mesa de de jardín redonda con asiento a su alrededor. Se dirigieron hacia ellos y tomaron asiento, Sveta no parece querer separarse de Albus.


    Albus: Ese ataque que hiciste hace un momento, ¿qué era exactamente?
    Sveta: Usé un Abanico, y con mis poderes de Fuego, aumenté su poder, aunque sólo lo hice para alejar a ese chico.
    Albus: Fue increíble, nunca había visto algo así. Oye, aún lo recuerdo, ibas a decirme cómo supiste que estaba en problemas.
    Sveta: Ah, es que Venus me dijo que fuera a verte, quería que te preguntara cómo estás tú.
    Albus: Yo estoy bien, ¿y ella?
    Sveta: Enfermó, tiene temperatura, pero estará bien.
    Albus: ¿En serio? Quisiera ir a verla.
    Sveta: Hoy no Albus... Hoy no
    Albus: ¿Pero por qué no?
    Sveta: Porque...

    Elaice: ¡¡Al-buuus!!

    Albus: *Voltea* Es Elaice, creo que viene hacia acá. Sveta... ¿Sveta?

    Sveta desapareció, justo en el momento en el que Albus le quitó la mirada, no volvió a verla.
    Elaice bajó la calle, al ver a Albus sólo en el asiento, corre hacia él.


    Elaice: ¿Qué haces aquí tan solo?
    Albus: Estaba pensando, aquí.
    Elaice: Te estaba buscando, vine con Rosas para ir a ver a Elena.
    Albus: ¿Venus vino con ustedes?
    Elaice: No, se enfermó, y eso que hace días estaba bien, aunque dormía mucho. Tal vez está creciendo, no te preocupes.
    Albus: Mmm, bueno.
    Elaice: Ven, Elena quiere decirnos algo.

    Los niños tomaron camino de regreso a casa de Albus.
    Al llegar, Adabella, Elena y Rosas se encuentran en la puerta, todos se ven muy contentos.
    Elaice fue contagiada por la actitud, el único serio es Albus.


    Elaice: No estaba muy lejos, así que no demoré mucho en encontrarlo.
    Rosas: Gracias Elaice. Bueno Elena, ¿qué es?
    Elena: Chicos, no será muy sencillo de explicar, pero lo intentaré.

    Con ayuda de su madre, Adabella, les contó la misma historia a Rosas y Elaice, Albus también escucha de nuevo la narración, pero no da la mirada.
    Los chicos imaginaron con detalle cada momento de la historia, lo cierto es que terminaron sorprendidos al final, no sabían qué pensar exactamente.
    Al acabar, también explicaron quienes eran los niños que se mencionaron, ellos eran, y son, Albus y Elena, sus segundos nombres son Erico y Amancay.
    A la hora de hablar, Elena se atoró en algunas partes, pero Adabella le apoyó para no colgarse.
    Y al final...


    Rosas: No puedo terminar de creer lo que acabo de escuchar.
    Elaice: ¿Albus y tú de verdad son hermanos? ¿Pero cómo?
    Rosas: Pensábamos que habías sido abandonada a tu suerte, ay... Me confundo.
    Elaice: ¡Yo también me confundo!
    Elena: Les dije que no sería fácil se explicar, tal vez si pudiera recordar exactamente qué pasó...
    Albus: Basta Elena, ni tú ni yo recordamos qué pasó aquel día en el ecosistema, no sigamos buscando explicaciones.
    Adabella: ¿Albus? ¿Qué pasa con esa actitud?
    Albus: *Mirando a todos* Lo que pasa es... Que, no sé si les molesté que, Elena realmente sea mi hermana. Es que, pensarlo me pone triste.
    Rosas: ¿Pero por qué nos molestaría? Al contrario Albus, estoy muy alegre por saber que Elena tiene familia, y que está muy cerca de nosotros.
    Albus: ¿De, de veras? ¿Elaice?
    Elaice: Desde la primera vez que vi a Albus y Elena en la misma ocasión, veía sus parecidos, pero nunca había dicho o pensado si eran hermanos. Ahora que lo sabemos, bueno... Sí, estoy contento por saberlo.
    Albus: Aww...
    Elena: ¿Albus?
    Albus: *Suspira, ahogado* ¿Deberíamos contárselo a los demás?
    Adabella: No es y no será necesario hijo, no todo el mundo puede saber la verdad, lo mejor sería que nosotros fuésemos los únicos.
    Albus: [Retomando la firmeza] ¡De acuerdo!
    Rosas: Elena, ¿en dónde te quedarás entonces?
    Elena: La verdad, echaría mucho de menos el orfanato si me quedara de ahora en adelante, por eso quisiera quedarme algunos días más allá, y, cuando quisiera estar con Albus y mi mamá, me quedaría aquí. Chicos, desde que los conozco, han sido unos hermanos para mí, y no quisiera que eso acabe.
    Elaice: No acabará, ya lo verás. Mientras sigamos unidos, seguiremos siendo hermanos, sin importar la sangre y esas cosas que dice la gente.
    Rosas: Estoy de acuerdo con Ela, no seremos hermanos realmente, pero nos consideramos como tales.
    Adabella: *Sonríe* Y yo los considero mis hijos, pase lo que pase.
    Elena: ¿Les importa si paso hoy el día entero aquí?
    Rosas: No te preocupes, nosotros nos regresamos y, si preguntan, te quedaste a jugar con Albus.
    Elaice: ¡Uuy! Sí que llegan sorpresas de la nada. Bueno hermanos, nosotros volveremos a casa, bueno, ya saben adónde.

    Al lado de Elaice, Rosas y ella toman camino de regreso.
    Van muy motivados.


    Adabella: ¡Nos veremos mañana!
    Elena: ¡Nos vemos chicos!

    Albus sólo se despidió meneando su mano, sin decir nada, fue el primero en entrar a la casa.
    Adabella y Elena entraron después.

    Cae la noche, el reloj indica las 9 PM, Albus se encuentra en su habitación, y Elena en el cuarto de Adabella.
    Antes de irse a dormir, Adabella va hacia la habitación de Albus.


    Adabella: *Toca la puerta* ¿Albus? ¿Estás dormido?
    Albus: No mamá.
    Adabella: Voy a entrar hijo.

    La puerta se abre, Ada pasa y ve que Albus ni se ha puesto la pijama, sólo está sentado sobre su cama, mirando perdidamente la pared.
    Su madre se acerca a él y toma asiento al lado suyo.


    Adabella: ¿Necesitas algo hijo?
    Albus: *Suspira* Ay mamá...
    Adabella: Hace tiempo que no te había visto con esa cara.
    Albus: *Niega con la cabeza* Estoy confundido mamá.
    Adabella: ¿Es por lo que les conté en la mañana?
    Albus: No, eso lo entendí perfectamente Má. Es que, no sé cómo serán los días a partir de mañana.

    Adabella comenzó a acariciar a Albus, mira su rostro con plena dulzura.


    Adabella: Mi bombón, ni tú ni yo sabemos qué será mañana, pero algo que sí te puedo asegurar es que, veremos un bello amanecer, Elena, tú, y yo. Y el resto de los días, viviremos intensamente, como si fuera el último.
    Albus: ¿Y si mañana fuera el último día en el que viviéramos? No quisiera irme a dormir entonces...
    Adabella: No digas eso Albus, la primera en irse de esta tierra seré yo, ni tú ni Amancay tienen porque irse antes que yo.
    Albus: *Prensándose con Adabella* ¡No digas eso mamá!
    Adabella: No lo digo para que te asustes hijo. Yo no me iré hoy, ni mañana... No sé cuándo, pero te prometo que no será pronto, tardará, y mucho. Mientras estemos unidos, no habrá cosa que nos separé.
    Albus: ¿Lo prometes mamá?
    Adabella: Lo prometo. (Cuidaré de ellos por ti, Eusebio.)

    Adabella y Albus se separaron, acompañados de una sonrisa; Albus está listo para irse a dormir, así que Adabella se retira y cierra la puerta.
    Albus se siente más tranquilo, se levanta de la cama y se dirige hacia su guardarropa, pero se detiene al escuchar golpes en su ventana.
    Sin saber qué es, se asoma, y se sorprende al ver.


    Sveta: ¿Me abres por favor?

    Albus, a pesar de la impresión, abrió la ventana.
    Sveta no entró, tomó a Albus de la mano y lo impulsó a salir.
    Ambos ahora se encuentran en el balcón de la casa, es un cuadrado de 16 metros cuadrados, sólo hay macetas con flores en las esquinas.


    Albus: ¿Sveta? ¿Qué...
    Sveta: *Señala arriba* Mira allá.
    Albus: ¿El cielo?

    En breve Albus alzó la mirada, ambos niños deleitan un cielo estrellado, acompañado de una luna llena creciente en forma de C, tanto las estrellas como la luna, brillan intensas.

    Sveta: Quería ver las estrellas contigo antes de irme a dormir. ¿Te molesta si me quedo unos minutos contigo?
    Albus: Pues... No, puedes quedarte.
    Sveta: Gracias Albus.

    Como no hay asientos, Albus y Sveta miran el cielo de pie.
    En un momento, Sveta se acercó a Albus, a modo de estar su hombro con el suyo cerca.
    Sin mirarse los rostros, Sveta habló.


    Sveta: Son tan hermosas, siempre lo han sido.
    Albus: Umm... Nunca había salido antes a mirar las estrellas, no que yo recuerde.
    Sveta: ¿No? ¿Y qué tal si, salimos a verlas, de vez en cuando?
    Albus: *Sonríe* Me gustaría. Después de todo, verlas... Me relaja, me pone a pensar...

    Vuelven a quedarse callados.
    Segundos después, Sveta apretó muy fuerte la mano de Albus, y pronto la soltó, alejándose de él, para distanciarse.
    Extrañado, Albus se acerca a ella.


    Albus: ¿Te encuentras bien, Sveta?
    Sveta: Un, poco.
    Albus: ¿Qué tienes? Si te sientes mal, puedo hablarle a mi mamá para que te dé una medicina.
    Sveta: No Albus, no es una enfermedad, es algo que no me deja en paz.
    Albus: Déjame ayudarte. No creo que sea tan difícil.
    Sveta: [Frustrada] ¿En serio? ¿Cómo es que te ofreces a ayudar a alguien que no conoces?
    Albus: Para mí es fácil. Bueno, tienes algo que, me inspira a creer en ti.
    Sveta: ¿Sí? ¿Qué es, exactamente?
    Albus: Este... Me ayudaste en una ocasión, también sin conocerme, y sigo agradecido desde ese día Sveta. No me importa lo que digan de ti, te ayudaré cuando me necesites.

    Sveta giró, a modo de estar frente a Albus.
    Ahora, ella tomó sus manos, y aunque está nerviosa, lo mira a los ojos.


    Albus: ¿Sveta?
    Sveta: ¿Puedes responderme esta pregunta?
    Albus: Amm, sí.
    Sveta: OK... Albus, ¿tú, amas a Venus?

    Albus se sonrojó, soltó las manos de Sveta para cubrirse la cara, ella sólo se ríe.
    Con sólo ver la reacción de Albus, se sintió satisfecha, inclusive vuelve a sonreír, aunque ella también sonrojó.


    Albus: T, tú también estás roja.
    Sveta: *Con los ojos ligeramente abajo* Sí, pero es porque sé la verdad.
    Albus: ¡Sveta!
    Sveta: Ji ji, una disculpa Albus, pero estoy tan feliz. Todo por saber que el chico que amo también me ama.
    Albus: *Inclina la cabeza, mirándola rara* ¿Sveta? ¿Qué dijiste?
    Sveta: ... ¿Lo, lo dije en voz alta?
    *Albus le confirma, asentando con su cabeza*
    Sveta: A-ay... ... *Señala al frente* ¡Albus mira!
    Albus: *Voltea atrás* ¿Eh?

    Cuando Albus volteó, no vio nada, pero al regresar la mirada, Sveta había desaparecido.
    Confundido, entró de nuevo a su habitación, pero no puede olvidar todo lo sucedido.

    Ya con la pijama puesta, apaga las luces y se recuesta.
    Todavía no le pega el sueño.


    (Pensándolo bien, desde que entré de nuevo a la primaria, han pasado tantas cosas...
    Nunca había pensando que, alguna vez tomaría una Espada, o manejaría un Arco, y lucharía al lado de mis amigos, los cuales también luchan conmigo.
    De verdad sigo confundido, pero buscaré las maneras de resolver todas mis preguntas.
    ¡Es cierto! Puedo ver lo que seré, qué haré en esos momentos y lo que esté por descubrir, iré a por él.
    Siento que, esta es una nueva esperanza para mí, porque ahora sé lo que seré de ahora en adelante: Explorador.)


    Y así, Albus ha decidido su profesión con el propósito de responder las dudas que en un pasado no fueron contestadas.
    Lo que le depara el futuro es un misterio, y el pasado podrá acosarlo, pero no estará sólo para revelarlo.
    Así es como da comienzo la historia de un chico que navegará por tiempos y espacios para desempolvar recuerdos, correrá por senderos oscuros, pero llegará a la luz de la verdad.


    Final del Capítulo.
    Final de la Parte 1.

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    Parte 2 - Prólogo

    Introducción.

    Es fácil guardar un secreto, la pregunta es por cuánto tiempo.
    Estos, los confiamos hacia nosotros mismos y a las personas en quien mayor confianza tenemos.
    Podría ser nuestra culpa, o no, si un oscuro pasado vuelve a ver la luz del día, ¿y este cuan grave puede ser?
    No seré el adecuado para preguntarme esto, o para responderlo... Pero si yo estoy seguro de algo, es, que reforzaría una relación en muchos aspectos.
    Una cosa es perder la esperanza, otra es en qué momento, día a día veremos de qué seremos testigos.
    ¿Alguien lo sabe? Esta pregunta no la puedes responder.




    Parte 2 - Perder.
    Manos Fuera De Control, Atraerán Más De Un Error.

    Prólogo - Un Año Más De Vida.
    Y De Regalo, Una Grata Sorpresa.

    10 de Octubre.

    Ha pasado un mes desde que Albus y Elena vuelven a vivir como hermanos.
    En los últimos días, Elena ha estado muy unida a Adabella, aunque no recuerda aquellos días de su infancia a su lado, ha transcurrido nuevos con muchas esperanzas.
    Por su parte, Albus ha ido a jugar más seguido con sus amigos, en ocasiones, Elena se encuentra en el Orfanato Crepúsculo, y en otras, viene en compañía de su hermano.

    Una hermosa mañana llega al pueblo El Naranjito, un calor abrazador les da los buenos días a todos sus habitantes.
    El día de hoy, es un día muy especial para dos chicos: Albus y Elena, ambos cumplirán diez años, una primavera más.
    El reloj marca las 7 AM, la puerta de la habitación de Albus es abierta por él, sale de la misma y siendo coincidencia, se encuentra con Elena.
    Ambos ya tienen puesto el uniforme de la escuela.


    Albus: Buenos días Amancay.
    Elena: Buen día Erico. ¿Cómo amaneciste?
    Albus: *Se estira* Pues... Muy bien. ¿Qué tal tú?
    Elena: Espléndida. Bajemos a desayunar.

    Los niños bajan por las escaleras con mucha calma.
    Justo a pisar el último escalón, se escucha la voz de Adabella, espera el momento para cantarles.



    Están son, las mañanitas
    que cantaba el Rey David.
    Hoy por ser su cumpleaños
    yo les cantaré así.

    Despierten, niños despierten,
    miren, que ya amaneció.
    Ya los pajarillos cantan
    la luna ya, se metió.

    Qué linda está la mañana,
    en que vengo a saludarlos.
    Yo vengo con mucho gusto,
    y un placer al felicitarlos.

    ¡Ya viene amaneciendo,
    ya la luz del día nos dio!
    ¡Levántense, ya es mañana,
    miren que ya amaneció!


    Albus estuvo muy emocionado al escuchar a su madre cantar, corrió hacia ella y le dio un fuerte abrazo.
    Elena se siente feliz, a la vez confundida, se quedó parada al final de las escaleras, bajó la mirada hacia el suelo.


    Adabella: Elena, hija mía. No te quedes ahí, ven, que quiero felicitarte.

    Al escucharlo, Elena corre hacia su madre, al abrazarla, soltó unas cuantas lágrimas, Albus, estando a su lado, no la dejó sola.
    Los hermanos se toman los hombros.


    Adabella: Después de tanto tiempo, celebraremos su día tan especial reunidos en familia.
    Elena: Mamá, ¿crees que papá... estaría feliz también?
    Adabella: Estoy segura de que lo estaría, sin importar en dónde esté.
    Albus: No te preocupes Elena, me tienes a mí y a mamá, y estaremos juntos pase lo que pase.
    Elena: *Sonríe* ¡Gracias, hermano!
    Adabella: Hijos, sé que están muy contentos, pero recuerden que deben ir a la escuela.
    Albus - Elena: ¡Claro mamá!

    Los niños ya están listos para irse a la escuela, los hermanos fueron por sus mochilas y su madre fue por su bolso.
    De inmediato salen de casa, sin antes cerrar la puerta con llave.

    Justo en la parada del autobús, Albus, Elena y Adabella se encontraron con Rosas, Elaice y Venus, quienes también esperan transporte que los lleve a la primaria.


    Rosas: Feliz cumpleaños amigos.
    Elaice: Dos cumpleaños, quién lo diría.
    Albus: Gracias chicos, se los agradezco.
    Elena: Así es Elaice, aunque no hagamos una fiesta, me complace tenerlos como amigos día con día.
    Adabella: Niños, el carro está casi cerca, estén atentos.
    Venus: Emm... ¿A-Albus?
    Albus: Oh, Venus. ¿Qué pasa?
    Venus: Verás... Tengo algo que decirte.
    Elaice: (¡Se lo va a decir! ¡Se lo va a decir! ¡Se lo va a decir!)
    Albus: ¿Sí? Dímelo.
    Venus: *Chocando sus dedos índice* Albus, yo te--
    Adabella: Y aquí está. Suban niños.

    Los niños entraron al autobús primero y Adabella al final.
    En todo el viaje Venus se quedó callada, además que su cara sonrojó un poco más de lo usual.
    En el viaje las posiciones variaron ligeramente, esta vez Elena viaja al lado de Adabella y Albus con Venus, Rosas y Elaice siguen juntos.
    Actualmente el camión está pasando por Plaza Cristal Chedraui.


    Albus: Ya no falta mucho, llegaremos temprano.
    Venus: Mmm-hmm...
    Albus: *Suspira* Oye Venus, yo también quisiera decir algo.
    Venus: ¿S-sí?
    Albus: Ajá, es algo que no he me quitado de la cabeza desde que lo supe, y pienso que tú podrías responder mi duda.
    Venus: D-dime.
    Albus: Escucha. Nadie no sabe, pero en una noche me vino a visitar Sveta, una amiga tuya.
    Venus: ¿Sveta? ¡Ah! *Se cubre la cara*
    Albus: [Sorprendido] ¿Y ahora?
    Venus: Na-nada, de veras.
    Rosas: Ya llegamos. Párense chicos.

    Rosas tocó el timbre para anunciar la bajada de todos.
    Pronto llegaron a la primaria Miguel Hidalgo.
    Mientras llegaban, vieron a Markus pasar con bolsas en las manos, dentro tienen platos de plástico. Rosas y Albus se acercaron a él para ayudarlo.


    Markus: Gracias chicos.
    Rosas: Échame una. ¿Adónde las llevamos?
    Markus: A nuestro salón, ahí se hará todo.
    Albus: Es verdad, Markus cumple el mismo día que yo, ¿vas a celebrar tu cumpleaños aquí?
    Markus: Ajá, pedimos permiso y terminará hasta después del receso. Habrá dos piñatas y muchos dulces.
    Rosas: ¡Eso me gusta! Ah Markus, felicidades, aunque no sabía que era tu cumpleaños, te deseo un buen día.
    Markus: Muchas gracias Rosas.
    Albus: Bueno, vamos rápido al salón, para que podamos darle su abrazo.

    Markus, acompañado de sus amigos, aceleraron el paso para llegar en breve al aula de clases del 4-A, los tres están muy emocionados.
    Adabella y las niñas llegaron un poco después, nada tarde; Elena, Elaice y Venus fueron a dejar sus mochilas, Adabella todavía no pensaba irse.
    En frente del salón hay mesas y asientos, realmente son los mobiliarios del interior en donde los estudiantes realizan sus actividades, sólo que está vez será para que convivan con Markus al aire libre.

    Los chicos se ofrecieron a ayudar a Markus y a su madre, quienes preparan todo lo necesario para su pequeña reunión, también son apoyados por algunos de sus compañeros de clases y Don Salomón, el último mencionado fue quien ajustó las cuerdas para las piñatas y trajo un palo.

    Las chicas se quedaron con Adabella.


    Elena: Nunca había visto a Albus tan laborioso.
    Adabella: Desde que él y Albus se conocen, siempre están juntos para la mano de obra, todavía recuerdo aquel día, cuando ellos apenas iban en primer grado.
    Elaice: ¿Qué pasó en ese día?
    Adabella: Celebramos los cumpleaños de ambos aquí mismo en la escuela, todo iba bien, hasta que Markus y Albus quisieron partir la piñata entre ambos.
    Venus: ¿Se pelearon?
    Adabella: No. Al contrario, partieron un palo en dos para golpearla, y los dos lograron. Lo curioso es que Markus parecía espadachín, y aunque Albus golpeaba normalmente, lograron derribarla, con la cuerda incluida, al darle un último corte, por así decirlo.
    Me sorprendieron, pues al final no quisieron comer nada, a pesar de la batalla que tuvieron, dándole y dándole palazos.
    Elena: ¿Y eso ha vuelvo a pasar mamá?
    Adabella: *Negando con la cabeza* No hija. Pero no sabemos qué podría pasar hoy.
    Elaice: ¿Y por qué no celebramos el cumple de Albus aquí también?
    Adabella: Esta vez les tengo una sorpresa, para ti Elena, y para Albus.
    Elena: [Emocionada] ¿Qué es mami? ¿Me das una pista?
    Adabella: Ji ji, lo sabrán al llegar a casa. Ya tengo que irme. Vendré por ustedes a la hora de siempre. Pórtense bien niños.
    A propósito, no podré venir hoy por ustedes, pero no lleguen tarde a casa, se vienen todos juntos. ¿OK?
    Elena: Claro mamá.
    Elaice: *Sonríe* Nos vemos.
    *Venus sólo se despide, meneando su mano*

    Adabella toma camino hacia el portón principal para irse.
    Las niñas ahora sólo se quedan viendo a todo el movimiento, Venus está muy ida, por eso mismo no presta atención.
    Elena y Elaice se dan cuenta de qué es lo que atrae a Venus... de nuevo, y para hacerla reaccionar, le clavaron la mirada.
    Venus está perdida viendo a Albus, hasta que por sus amigas se ubicó de nuevo.


    Venus: ... ¿Um? ¿Elena? ¿Elaice?
    Elena: ¿Qué estabas viendo Venus?
    Venus: ¡Na-nada!
    Elaice: Era a Albus, conozco tu mirada cuando lo ves.
    Venus: ¡E-Elaice!
    Elena: [Despreocupada] No es para que te sientas mal Venus, ambas sabemos tu secreto, y no te hemos molestado nunca por eso, ¿me equivoco?
    Venus: [Un poco más relajada] Pues, no...
    Elaice: ¿Te digo algo? Hace rato pensé que le dirías a Albus lo que sientes, estaba tan emocionada, que casi gritaba.
    Venus: *Baja la mirada* No lo sé... Piensen, hoy no sólo es el gran día de Albus, es también el tuyo Elena, y no quisiera que por mi culpa todo se echara a perder...
    Elena: No seas tan pesimista Venus. Tú no le echarás nada a perder a nadie, te doy mi palabra.
    Elaice: [Pícara] ¿Y qué harías si fuese Albus quien te lo dijera?
    Venus: *Mira a Elaice, inclinando su cabeza* ¿Si él me lo dijera?
    Elena: ¿Qué traes entre manos Elaice?
    Elaice: Tú sabes, que se arrodillara ante Venus y se lo confesara, tomando su mano.
    Elena: ¿No crees que, lo que acabas de decir es como si le pidiera matrimonio?
    Venus: ¡¡Aaay!! ¡Paren!

    Finalmente, todos los preparativos están en su lugar.
    Luego de tanta espera, se da por iniciada la celebración por Markus.
    A petición suya, pidió que se partieran las piñatas primero antes que nada, comenzando con una en forma de estrella de cinco puntas.
    El primero en pasar es el mismo Daren, quien sujeta con la mano derecha un palo, de 1 metro de largo aproximadamente.
    El resto de los niños están moderadamente alejados del evento para evitar ser heridos por un falso tortazo.



    Albus: ¡Dale duro Mark!

    No es que se trate de un duelo todo o nada, pero con lo competitivo que es Markus, ha decidido tratar al objeto inanimado como si este fuese un rival suyo.
    Mientras el Profesor Víctor agita la piñata, los niños cantan la clásica canción, con la cual miden el tiempo en el que debilitará la estructura, aunque lo que más quieren son los dulces.

    ¡Dale-dale-daaale!
    ¡No pierdas el tino!
    ¡Porque si lo pierdes, pierdes el camino!
    ¡Ahora sí le das! ¡Ahora no le das!
    ¡Porque tienes cara, de conejo bras!


    Markus: Vaya... Creo que me pasé un poco.

    En los pocos que duró su contienda, la piñata no sólo quedó achatada, dos de las puntas laterales superiores están cerca de despegarse y sólo tiene un agujero en el centro, muy pequeño.

    Markus: ¿Quién quiere seguirle?

    Todos salieron corriendo hacia Markus, fue socorrido por Rosas para evitar un accidente, tranquilizando a los demás convenciéndolos de que formen una fila.
    Tan ágil fue Albus que fue el primero, y detrás de él se encuentra Venus.
    Al momento de tomar el palo, se da cuenta de que ella estaba todo el tiempo cerca de él.
    Caminó hacia ella y le entregó el palo.


    Albus: Toma, te dejo que vayas tú primero.
    Venus: ¿Albus? Pero si tú estabas primero.
    Albus: Yo puedo esperar, y no importa si se rompe, hay otra allá, la que tiene forma de Bob Esponja.
    Venus: Mmm... *Sonríe, toma el palo* ¡Gracias!

    Markus: ¡Adelante Venus!

    A diferencia de Markus, Venus sujeta de una forma muy diferente el palo, con la mano izquierda cerca de la mitad de este y la derecha separada a un tercio de distancia.
    Los niños vuelven a cantar, cosa que puso nerviosa a Venus, ya que se siente presionada contra el reloj, pero Albus le anima dándole porras.
    Retomando el valor, su objetivo es dar la mayor cantidad de golpes a la piñata.
    Se acerca a ella y la golpea de una forma distinta, en vez de cortes da estocadas, y en poco tiempo, logró atravesar el corazón del recipiente de dulces, y con mayor fuerza, trató de tumbarla al suelo aprovechando que la vara está enterrada, y lo logra, aunque sólo la mitad de esta.
    Quienes quedaron bastante impresionados fueron Markus y Albus, en contagio Rosas, no se movieron de su lugar, pero los demás niños siguieron en lo suyo: recolectar dulces.

    Venus comenzó a sentirse cansada, dejó caer el palo mientras recupera el aire, Elena y Elaice fueron a socorrerla.


    Elena: ¿Estás bien Venus?
    Venus: *Jadea* Sí... Un poco... Cansada...
    Elaice: ¿En serio? *Coloca una de sus manos en la frente de Venus* Mmm... Se te subió la temperatura.

    Markus, Albus y Rosas se acercaron, también preocupados.
    Pronto Venus empezó a tambalear, de inmediato Elaice la retiene con ayuda de Rosas, Venus sigue consiente.


    Markus: ¿Estará bien?
    Elena: Tiene algo de fiebre, pero estará bien.
    Elaice: La llevaremos al baño, no tardamos.
    Rosas: Elaice, si sucede algo, no duden en avisarnos.
    Elaice: Claro Rosas.

    Las niñas llevan a Venus hasta los sanitarios, un viaje ligeramente pesado, pero no será mucha trayectoria, sólo tendrán que caminar 6 salones adelante y llegarán.
    Mientras tanto, los chicos se quedaron un poco pensativos ante lo último sucedido, sin embargo Albus habla.


    Albus: Venus es una niña fuerte, yo pienso que estará bien.
    Rosas: *Asenta con la cabeza* Así es. Cuando Venus se pone muy nerviosa, suele marearse un poco, pero no es nada de qué preocuparse.
    Markus: Mmm... Chicos, vamos a partir la otra piñata. Y de los dulces que consiga, le guardaré un poco a Venus.
    Albus: Yo haré lo mismo.
    Rosas: Oigan, ¿quién sigue? Quiero pasar.

    En los sanitarios para niñas, Elena y Elaice esperan a Venus quien entró a una cabina.
    Mientras esperan, charlan.


    Elaice: Oye Elena, ¿cómo te va?
    Elena: ¿En qué Elaice?
    Elaice. Con Albus y con tu mamá, desde que sabemos que son familia, has pasado tiempo con ellos, pero no nos cuentas cómo te va.
    Elena: Ay Elaice, disculpa, me he descuidado un poco.
    Elaice: *Las manos en las caderas* ¿Será? A veces hemos llegado a no dirigirnos la palabra.
    Elena: Cuando estoy con mamá, le cuento lo que pasa y cómo me siento, he estado muy unida a ella, que siento que me he alejado mucho de ustedes.
    Elaice: Tranquila Elena, es la emoción, es natural. ¿Qué tal si cuando hagamos la tarea juntas, me cuentas cómo te va?
    Elena: Me parece bien. *Sonríe* Gracias amiga.
    Elaice: Ya sabes.

    Venus: Uuuh...

    Elena: ¿Venus? ¿Fuiste tú quién gruñó?

    Venus: ... Aaah...

    Elaice: ¿Estás bien Venus? Te escuchas, como estreñida.

    En vez de obtener una respuesta de parte de Venus, una densa luz iluminó todo el interior de los sanitarios, Elena y Elaice se cubrieron los ojos al momento de sentir el calor del destello.
    Todo quedó en silencio por unos segundos, hasta que las chicas decidieron volver a hablar.


    Elaice: [Asustada] ¡¿Qué fue lo que pasó?! ¡¿Venus?!
    Elena: Ay no... No ahora...
    Sveta: ¿Elena?

    La puerta de la cabina se abrió, esperando que Venus saliera de ahí, no fue así...
    En su lugar, quien salió fue Sveta, con las mismas ropas que Venus, su calzado también.
    Elaice se espantó todavía más al ver su aparición, Elena se preocupó por la situación; Sveta sale y mira a ambas niñas.


    Sveta: [Confundida]... ¿Qué?
    Elaice: ¡¿S-Sveta?! ¡¿Esto es una broma?!
    Elena: A ja ja... [Inconforme] Hola, Sveta.
    Sveta: ¿Sveta? Elena, ¿no te estarás equivocando de--
    Elaice: ¡¿Cómo rayos llegaste aquí?! ¡¿Qué le hiciste a Venus?
    Sveta: ¿Elaice? ¿No me reconoces? Soy--
    Elena: Sveta... Mira allá.

    Elena señaló hacia el espejo, de inmediato Sveta corrió hacia él para ver su reflejo, Elaice entró a la cabina donde se suponía que estaría Venus, pero no encontró nada.
    Sveta puede verse, en efecto es quién debe ser, sólo que algo le preocupa y corre hacia Elena.


    Sveta: ¡¿Pero cómo?!
    Elena: ¡N-no lo sé! ¡Pasó de repente!
    Elaice: ¡Sigo sin creerlo!
    Sveta: Ay Dios... ¿Qué dirá Albus?
    Elena: *Niega con la cabeza*... Tendrás que decírselo.
    Sveta: ¿Decirle la verdad? ¡No puedo!
    Elaice: ¿Saben? Me gustaría también saber la verdad. No entiendo qué está pasando, y no quiero estar enojada.
    Elena: La verdad es que yo tampoco sé, al menos totalmente, es difícil de explicar...

    Sveta camina de nuevo hacia el espejo, una vez más ve su rostro, sus ojos, su cabello y parte de su cuerpo.
    Su mirada cambió, se ve más pícara y muestra una sonrisa pintoresca, pero en el mismo sentido.


    Sveta: ... Aunque, pensándolo y viéndolo de otra forma, podría hacer algo mejor.
    Elena: ¿De qué hablas?
    Sveta: ¿Y si juego un poco con Albus? No creo que se dé cuenta.
    Elena: ¿Eh? ¡! Oh no, contrólate Venus, que--
    Sveta: ¡Ahora soy Sveta! ¡Y se lo diré cuando yo crea que sea necesario!

    Sveta sale de los sanitarios, Elena piensa seguirla y Elaice la acompaña sin duda, ambas van calladas, la actitud de Sveta demuestra mucha confianza.

    Regresando al patio frente al salón, la segunda y última piñata fue destruida.
    Ahora, todos los niños comparten una merienda, Rosas y Albus se sentaron en una mesa y jalaron otra, incluyendo tres sillas, para cuando llegaran las chicas.
    El cambio era notable, pero pasó desapercibido por la mayoría, se cree... Sveta llegó detrás de Albus y le cubrió los ojos con sus manos, esperando que Rosas la diera una pista, no fue así, se quedó impactado con lo que veía.
    Detrás de Sveta, llegaron Elena y Elaice, un poco inconformes, por la mirada se deduce.


    Sveta: Adivina quién soy.
    Albus: *Toca las manos con las suyas* Mmm... Son suaves...
    Sveta: ¿Otra pista corazón?
    Albus: ¿Eh? ... ... Rosas ¿quién es?
    *Rosas no puede decir nada, se atora*
    Elena: Díselo ya.
    Sveta: No lo haré.
    Elaice: ¿Que qué Sveta? ¿Que no le dirás a Albus?
    Sveta: ¡E-Elaice!

    De la furia Sveta le quitó las manos y Albus y se queja con Elaice.
    Albus volteó aprovechando que puede ver, y se dio cuenta de que era Sveta quien le cegaba, pero no terminó pasmado.


    Albus: ¿Sveta? ¿Era Sveta todo el tiempo?
    Elena: Mmm-hmm.
    Rosas: ¡¿Pero--
    Elaice: Yo hice la misma pregunta, nos lo dirán después.
    Sveta: Hola guapetón. *Guiño*
    Albus: *Los ojos en el cielo* ¿A quién le habla?
    Sveta: No te hagas, si te pusiste rojo.

    Y Albus sonrojó más cuando Sveta divulgo la verdad.
    Pronto llegó Markus hacia el grupo de Albus.


    Markus: [Contento] Chicos, ya es hora de partir el pastel, y después nos darán una bolsa de dulces.
    Albus: ¿Sí? ¡Vamos!

    Todos siguieron a Markus, excepto Sveta, quien tomó a Albus de un brazo, impidiendo que se mueva, por lo tanto se quedó con ella.

    Albus: ¿Qué ocurre? Vamos con Markus.
    Sveta: Quería darte tu regalo de cumpleaños, no creas que lo he olvidado.

    Sveta cerró los ojos, acomodó sus labios, y acercó su rostro hacia el de Albus, pero no entendió qué era lo que le decía y se fue.
    Para cuando Sveta abrió los ojos, él ya no estaba, se enfado y por ende fue a con los demás.

    Antes de cantar, Markus pidió un "tiempo fuera", todos le prestaron atención.


    Markus: Les agradezco a todos por acompañarme el día de mi cumpleaños. De todo corazón... Gracias... Pero también quisiera que felicitaran a dos personas más que hoy cumplen años, y conmigo, somos tres niños que cumplen hoy diez años.
    Albus y Elena, ¿gustarían partir el pastel conmigo?

    Markus señaló a Erico y Amancay con la mirada, el resto también los hizo.
    Albus toma la mano de Elena y juntos acompañan a Daren, se colocan al lado suyo, Albus a su derecha y Elena y su izquierda.
    El grupo entero, la madre de Markus y el profesor interpretaron las mañanitas.

    Mientras se interpreta en voz alta, Sveta no cambia su humor, no sigue disgustada por lo último que pasó, pero a diferencia de otros días, ahora está muy atrevida, no le quita la mirada a Albus.

    Rosas se acercó a Elaice, sigilosamente toma una de sus manos y la entrelaza, cuando Elaice se dio cuenta, se zafó, separando aquella unión que se había formado.
    Al ver Rosas bajó la mirada, ahora fue ella quien junto las palmas, la de ella y la suya, sólo que se sujeta con más fuerza.


    Elaice: Sólo lo hago para que no estés triste.
    Rosas: Yo lo hice porque...
    Elaice: (¿Me lo va, a decir...?)
    Rosas: ... Porque, quería la paleta que tenías en la mano.
    Elaice: ¿Eh? ...

    Rosas dijo la verdad, Elaice tenía en la mano una paleta de dulce de sabor fresa, y para cuando recuperó la mano de Rosas, ella ya no lo tenía, al final se dio cuenta.
    Infló los cachetas y cruzó los brazos, evitando el contacto visual con Rosas, quien suelta pequeñas risas.

    Cuando todos terminaron de cantar, Markus anunció a Albus y Elena.


    Markus: Pidamos un deseo chicos.

    Los tres cerraron los ojos, los demás callaron.

    . . . . . . . . . .

    Sincronizados, abrieron sus ojos y soplaron las velas; compañeros y amistades aplaudieron, felicitando a sus seres queridos por un año más de vida.

    Suena la campana de la escuela, todos los estudiantes salen de sus aulas para disfrutar un merecido recreo.
    Algunos niños se quedaron en el patio frente el salón 4-A para degustar de los dulces que obtuvieron en la partida de la piñata.
    Por su parte, Markus y Albus se dirigieron al campo, tomaron asiento debajo de un árbol de limones cercano a una de las porterías del campo de fútbol.


    Markus: 10 años... Qué coincidencia.
    Albus: ¿Qué es, Markus?
    Markus: Nací un 10 de Octubre, hoy cumplí 10 años, y mi mamá me dijo que nací exactamente a las 10 de la mañana, suena divertido, ¿no crees?
    Albus: Vaya, no sabía eso Mark. Yo hoy también cumplí 10 años y en el mismo día, pero no sé a qué horas nací, se lo preguntaré a mi mamá cuando pueda.
    Markus: *Se estira* ¡Humm... Aah! *Se recuesta en el suelo* ¿Sabes Erico?
    Albus: ¿Qué es, Daren?
    Markus: Me pregunto muchas cosas. ¿Crees que, cuando lleguemos a sexto grado y nos graduemos, seguiremos siendo amigos?
    Albus: ¿Qué quieres decir?
    Markus: Piénsalo. Cuando terminé el kínder, sólo uno de mis compañeros estudió de nuevo conmigo, y ese es Ricardo, ha cambiado algo.
    Sí sólo fue uno, cuando llegue a secundaria, puede que me quede sólo, no lo sé... He perdido muchísimos amigos, el año pasado, ¿recuerdas?
    Albus: La profesora Juana, sí... Carlos, Christian, Laura...
    Markus: Y esta última era una amiga muy cercana para mí... Y ya no sé nada de ella, ni de los demás... Me da miedo Albus... Hace meses llegaron Rosas y los demás, y dentro de dos años... No sé...
    Albus: ¿Qué tal si estudiamos la misma secundaria? Estaríamos tres años más juntos, no sé si Elena y los demás quisieran estudiar ahí.
    Markus: ¿De veras? Y que estudiáramos en el mismo salón.
    Albus: Ajám. Pero todavía no sabemos si llegaremos allá, pero no hay que darnos por vencidos. Alcanza un buen promedio Albus, quiero competencia de tu parte.
    Markus: [Emocionado] ¡Y la tendrás! ¡Tenlo por seguro que la tendrás!
    Albus: Y mientras llegue ese día, ¿qué tal si practicamos un poco de esgrima? Ya no hemos jugado desde aquel día.
    Markus: ¡Claro! Vaya, nunca nadie me había preguntado eso.
    Albus: Me gustó mucho, además, dices que tienes más de un año de experiencia, me gustaría que me enseñaras unas cuantas técnicas.
    Markus: No sé muchas, pero no dudes de mí.

    Un grito se escuchó hasta el interior de la escuela, y uno muy fuerte, no parecía ir en broma.
    Algunos profesores salieron de la escuela abriendo el portón principal, muchos niños que estaban cerca se asomaban, pero Don Salomón intervino para que nadie saliera.
    Markus y Daren se pararon rápidamente y corrieron hacia uno de los portones, el secundario, a unos cuantos pasos a la derecha del principal.
    Se encontraron a Elaice, quien está muy atenta a lo que pasa, Albus fue hacia ella para informarse de la situación.


    Albus: Elaice, ¿qué ocurre?
    Elaice: ¡Están asaltando a Doña Lupe!
    Markus: ¡¿Qué?!

    Markus volteó a todos lados, encontró una rama y la cogió, regresó al portón y abrió la puerta para salir, intentaron detenerlo, pero el miedo los paralizado.
    Están en medio de la calle, es un hombre de piel oscura, con ropas sucias y algo rasgadas, su calzado tiene huecos.
    El sujeto usa un cuchillo para detenerla, lo colocó cerca de su cuello, mientras la mantiene amordazada.


    -¡Suelte la lana, o se la clavo!-

    La señora Guadalupe sólo rogaba por su libertad.
    Pronto llegó Markus, se posiciona en frente de ambos, sujetando la rama con ambas manos.


    -¡Tú qué enano mocoso!-
    Markus: ¡Suéltela, o se las verás conmigo!
    -¡¿Tú contra mí?! ¡A ja ja ja!-

    Del lado del portón, Elaice se prepara para suplirlo, Albus también.
    Elaice extiende sus brazos para llamar a su Arco, el cual aparece tras unos segundos, pero sólo ella y Albus pueden verlo.


    Albus: ¡Todos aléjense! ¡Markus y doña Lupe estarán bien! ¡Váyanse!

    Fue complicado, pero logró ahuyentar a la mayoría del lugar de los hechos.
    A la brevedad, Elaice cargó una flecha y la disparó, impactando en una de las piernas del ladrón y el dolor lo debilitad, la señora Guadalupe escapa y Markus actúa en su momento de flaqueza.
    Con mayor fuerza, saltó y empuñando la rama como si fuese a enterrarla, asesta un golpe crítico a su adversario, derribándolo contra el suelo, no soportó otro golpe, y perdió el conocimiento, quedando en el suelo.
    Markus con otro salto se aleja del tipo, los hijos de la señora corren hacia ella para ayudar a tranquilizarla tras un repentino ataque.
    Elaice y Albus suspiran de paz, ya que todo se estabilizó, o eso se pensaba...
    El cuerpo del ladrón empezó a emanar humo, pero este era azul muy oscuro, y pronto se formó una llama azul encima de su cuerpo, y este se acerca lentamente a Markus.


    Markus: ¡¿Qué es eso?!

    Elaice: ¡No! ¡Está muy cerca!
    Albus: ¡Ayúdalo Elaice!
    Elaice: ¡No puedo darle, si están muy pegado podría herir a Markus!

    Markus: No sé qué seas, ¡Pero ya es suficiente!

    Aprieta con más fuerza la rama y está decidido a un último ataque.
    Alzándola hacia arriba, deja caer un corte vertical en la llama, pero por un segundo la rama tomó la forma de una Espada, y cuando cortó a la llama, se liberó un destelló bastante potente al entrar en contacto el filo de la hoja.
    La llama desapareció, y Markus cayó al suelo rendido, y la rama se partió en dos, de la espada no se sabe nada.
    Albus y Elaice corren hacia Markus para traerlo devuelta, aunque sea cargando, hasta el salón.
    El profesor Víctor fue uno de los que presenció el repentino evento, él platicó con su madre de lo que vio y lo valiente que fue.
    Cuando llegaron Albus y Elaice con Markus en sus brazos, corrieron a verlos, murmurando rumores entre ellos, sin embargo está vivo, sólo inconsciente.
    Elena, Sveta y Rosas se acercaron a Erico para preguntar detalles, sin prisas, les contó todo lo ocurrido.
    Afortunadamente nadie salió herido.

    Doce y media marca el reloj, los estudiantes deben volver a casa.
    Markus sigue sin reaccionar, respira, pero no despierta.
    Albus y sus amigos van a verlo antes de irse, se encuentra con su madre y hermanos en las afueras del salón.


    Albus: Buenos tardes señora.
    M. Catalina: Niños, buen día.
    Rosas: Lamentamos lo que pasó, pero gracias a Dios todo salió bien.
    Damian M: Mi hermano fue un héroe, me deja pensando...
    Elaice: Sé en qué estás pensando pequeño, pero lo que hizo tu hermano no lo hace cualquiera hoy en día, ten cuidado.
    Diana M: ¿Por qué mi hermano comete tantas estupideces?
    Elena: A tu nuestra edad, lo que hizo Markus pudo haber sido un suicidio, pero... Aunque yo no sé qué pasó exactamente, él no hizo nada malo, al contrario, hizo algo muy bueno. No seas tan dura con él.
    Sveta: Yo pienso que Markus es un chico afortunado. Mírenlo. Rodeado de sus amigos y su familia, que lo quieren y se preocupan por él.
    Albus y Elena también, bueno, todos...
    M. Catalina: *Sonríe* Muchas gracias niños. Les agradezco su apoyo.
    Albus: Por nada señora. Con permiso.

    Recordando el mensaje de Adabella, los niños salen de la escuela y cruzan con cuidado para tomar el autobús que los lleve de vuelta a El Naranjito.

    15 minutos después, llegaron y cruzaron las calles tomando el puente.
    Rosas, Elaice y Sveta acompañaron a Albus y Elena hasta su casa, llegaron a la puerta.


    Elaice: ¿Hoy te quedas aquí Elena?
    Elena: Sí, a lo mejor y más al rato vayamos Albus y yo a jugar con ustedes.
    Rosas: No importa si no nos vemos luego, hoy pueden descansar todo el día.
    Sveta: ¿Que no importa? ¡A mí sí me importa! ¡Hoy quiero estar todo el día con Albus!
    Albus: ¿Yo, qué?
    Sveta: *Entrelaza su brazo con el suyo* ¡Vamos!
    Albus: Pero, ¿adónde?
    Sveta: Iremos a--... ... Aahh...
    Elena: Sveta, ¿se lo contaste?
    Sveta: N... No...

    Otro destelló alumbró por completo el lugar, todo el cuerpo de Sveta fue el origen de los mismo.
    Cuando todo regresó a la normalidad, en lugar de Sveta apareció Venus, está bastante nerviosa por ver que está muy cerca de Albus y sonrojo un poco más que él.
    Intentó separarse de él, pero Albus ahora no la soltaba a ella, y era porque tampoco estaba impresionado, sólo confundido.
    Quienes sí terminaron impresionados fueron Rosas y Elaice, de parte de Elena, está muy tranquila.


    Venus: ¡Aaay! ¡A-Albus, yo--
    Albus: Creo, que ya conozco la respuesta a una de mis preguntas...
    Venus: ¡Albus, dé, dé, déjame explicarte!

    Antes de que Venus hablara, Adabella salió de la casa y les abrió la puerta a los niños, de momento se queda con ellos.

    Adabella: ¡Hijos, llegaron temprano! Bueno Elena, ¿querías saber qué sorpresa era la que te decía?
    Elena: ¿Sorpresa? ¡Ah! ¡Sí! ¡Cuál es!
    Adabella: Je je, Rosas, ¿podrías cubrirle los ojos a Albus? ¿Y tú Elaice a Elena?
    Rosas - Elaice: ¡A la orden!
    Adabella: Y Venus, no digas nada hasta mi señal.
    Venus: *Baja la mirada*... Sí señora...

    Parece que los niños se olvidaron de todo lo ocurrido de Venus y se enfocaron ahora en la sorpresa de los hermanos.
    Con cuidado, los van guiando para que no tropiecen mientras caminen con los ojos cubiertos.
    Al llegar al comedor de la casa, Adabella ordenó.


    Adabella: Ahora sí niños. ¡Sorpresa!


    Rosas y Elaice retiraron sus manos, Albus y Elena de inmediato sonrieron al ver la sorpresa que su madre les tenía preparada.
    Sobre la mesa se encuentra en pastel en forma de círculo de chocolate, con detalles coloridos por chispitas de dulce, además de tener cuatro fresas sobre cada 90° grados.
    Diez velas de distintos colores están encendidas en el centro, formando un pequeño círculo.


    Adabella: Feliz cumpleaños.
    Elena: ¡Gracias mamá! ¡Me gusta mucho el chocolate!
    Albus: ¡De chocolate! ¡Mi preferido!
    Rosas: Eh je je... Chicos, una felicitación de mi parte y una disculpa, pues ya sabía de esto.
    Elaice: Ja ja ja, yo también, era una sorpresa.
    Venus: Yo igual... Sí...

    Venus se dio la media vuelta y huyó del lugar, Albus al verla correr decidió seguirla.
    Elena también quería ir, pero Adabella intervino.


    Elena: ¡Pero mamá!
    Adabella: *Sonríe* Esto es algo entre él y ella. Todo estará bien Amancay.

    Venus se detuvo en la puerta de la casa, pronto Albus la alcanzó.
    Venus tenía ganas de llorar.


    Albus: Venus no te vayas, quiero que te quedes con nosotros.
    Venus: Pe, pero Albus, todo lo que pasó hoy... ¿Qué no sientes rabia u odio por mí?
    Albus: ¿Por qué debería? La verdad es que, estoy muy sorprendido por lo que acabé de descubrir, tú y Sveta...
    Venus: Sé que no es algo fácil de explicar, pero--
    Albus: Ya Venus, detente por favor. Te lo voy a decir. No estoy molesto, ni siento odio por ti, estoy feliz por haberte conocido y porque hemos pasado por situaciones más difíciles.
    Sí no nos hubiéramos conocido, ¿cómo crees que hubiese sido nuestra vida hasta el día de hoy?
    Venus: ... Albus...
    Albus: No importa si no me dices la verdad ahora, ¿qué tal si otro día buscamos una explicación juntos? Tú y yo.
    Venus: [Un poco más tranquila] Me, me encantaría.
    Albus: Y hoy, tú y yo, compartiremos una rebanada de pastel. ¿Te gustaría acompañarnos? Para mí, sería el mejor regalo que me dieras si te quedas un rato.
    Venus: Yo... ... [Alegre] ¡Claro! ¡Me quedo contigo!
    Albus: Ya está, vamos.
    Venus: Y Albus...
    Albus: ¿Sí?
    Venus: Tú... ¿Ya sabes, lo que siento?
    Albus: *Sonríe* Tú también sabes lo que siento.

    Sin duda, un fue un día lleno de muchas sorpresas.
    Todos, al final del día, terminaron con bien.
    Albus y Elena, al lado de sus amigos y Adabella, su madre, conviven en harmonía no sólo por festejar un año más para los hermanos, también por un día más de vida, nadie sabe qué será mañana.

    Y aunque Markus en estos momentos no tiene contacto alguno con su familia, en espíritu está conectado con aquellos seres que lo estiman, que desean que abra los ojos para escuchar su voz de nuevo.

    Nunca hay que perder la esperanza, lejos o cerca, uno llegará a lo que más desea.


    Final del Prólogo.

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