Renelzio
02/03/2011, 08:06
Un fic que escribí hace poco para un hijo de **** que me retó o___ó. Lo consideré medio fuerte por eso el "+16" pero a ver quién se atreve ;D (?)
Advertencia: Lenguaje soez, escenas de violencia y próximamente eróticas :awesome:
Bastard Sword
Capítulo 1
Si pudiera elegir un lugar en el que estar... ¡No sería otro más que en el que estoy ahora mismo!
En el salón principal de este castillo, el castillo de Ragner, empapado con una mezcla entre sudor y sangre, sangre de miles de débiles personas. Todas decapitadas con mi enorme espada, mi manera favorita de asesinar. Aunque mi velocidad a la hora de matar era para marcar record, yo era como un niño jugando, ¡Un niño cabrón y sádico que disfrutaba cada cabeza volando por los aires dejando sangre y vísceras a su paso!
Pero el trabajo de hoy estaba por terminar... sólo quedaba una persona por decapitar, el Rey. Que aunque odie admitir ¡Una admirable persona! Casi tan maldito como yo, según lo que me contaron a la hora de solicitar este trabajito.
Él solo conquistó los pueblos vecinos, y que forman ahora parte de su reino, con tal fiereza y rapidez, que hasta podría competir conmigo. Y no parecían mentir... estaba cubierto casi en su totalidad por una enorme capa azul, pero por su volumen diría que era bastante robusto. Y su cara... su cara, tenía la inconfundible cara de un bastardo como yo.
Me encontraba al principio de la larga alfombra roja que se extendía hasta su trono. Trono envuelto en oro con infinitos e indescriptibles detalles, todo un lujo como el resto del lugar. Todo el lugar rodeado por pílares dóricos, de un blanco puro. La habitación iluminada por un horrible naranja, gracias al monumental candelabro que se alzaba al medio de la habitación, que como todo en este lugar con resplandeciente oro. cortinas rojas al fondo que parecían llevar a otras habitaciones... Un típico castillo de un rey riquillo.
Lo miraba fijamente... esta bestia tenía que estar planeando algo, no se movia de su trono al final de la enorme habitación. Sólo alcanzaba a ver su remarcada sonrisa debajo de esa corona. Aunque yo tampoco hacía un solo movimiento, me encanta hacer el primer movimiento, pero hoy... hoy tengo... ¿Miedo? ¡Bah! Es simple cansancio, lo único que necesitaba era tomar un respiro y sacarle esa sonrisa de la cara... ¿O debería decir sacarle esa cara de su cuerpo? Jajaja.
Miré decido al frente con movimientos lentos pero firmes, haciendo resonar con mis botas la ahora silenciosa habitación con cada paso que daba.
Un inesperado movimiento de su parte me detuvo en seco y me hizo dudar... dudar de qué, simplemente me sorprendió. Dirigió su mano hacia su barbilla, hizo una mueca y se levantó.
-¿Puedes ser un poco más lento?- preguntó de sorpresa. Me hizo retroceder, y fruncir mínimamente el ceño.
-¿Tienes miedo?- dijo con un tono más que burlón, buscaba pelea sin duda. ¡Y la tendrá!
-No- espeté firme preparando mi espada, jugando con el filo de la hoja, sin tocarlo en realidad, pero me encantaba hacer este tipo de finta. Planeaba correr, y simplemente sacarle de un tajo la cabeza.
-Entonces...- hizo una pausa.- Qué esperas- y con eso se quitó la corona. Al fin pude verle completamente esa cabeza que pronto acompañaría a las de sus plebellos en el suelo.
Una larga melena negra fue liberada acompañada de una una mirada confiada ante mi sorpresa. Pero no podía seguir dudando, era ridículo para alguien como yo.
Sin previo aviso, comencé a correr con mi particular velocidad, con la espada lista para el ataque. Al fin se levantó ¿Esperaba lograr algo con mi velocidad y a la distancia a la que nos encontrábamos? ¡Ridículo!
Tomé la posición final a pocos metros de él, nada que lo pudiera salvar... esperaba más de esta persona... pero eran simples cuentos que en algún momento creí.
Vi un casi imperceptible movimiento de su mano izquierda. ¿Qué planeaba hacer?
De un brusco movimiento, una espada hizo su aparición viniendo desde el interior de su capa. Incluso más brutal que la mía, con hoja brillante casi cegadora, con una empuñadora dorada. Así que era eso... ¡Por más cara que sea no puede con mis habilidades iluso Rey!
Di el espadazo final... o lo que yo creía lo sería. Pero fue fácilmente bloqueada por él. ¿Pero cómo? Estaba a centímetros de él.Di un salto largo hacia atrás, para prepara mi siguiente ataque, no me esperaba esa, ya hasta estaba planeando cómo gastar el dinero de la recompensa como sólo yo sé hacerlo, con unas damas y mi amigo el alcohol, pero este maldito parece que me tomará un poquito más de tiempo.
-Qué incómodo...- mencionó despreocupado y retiró de su cuerpo esa capa haciendola volar en el aire hasta la pared. Tal y como lo pensaba, era un monstruo, sólo un monstruo podría tener esos musculos.-¡Vamos! Ya habíamos avanzado, te hice intentar asestarme un golpe, ¿No piensas continuar?- decía ese maldito.
No podía responder... mi boca estaba sellada y mi garganta hecha un nudo, además de que sabía que la mejor respuesta era atacar. Y así lo hice, corrí algo inseguro con el objetivo de darle una estocada en la garganta.
Lo esquivó con facilidad, haciéndome caer al suelo por la rapidez y fuerza con la que me dirigía.
-¡Qué mentirosos son estos idiotas! Dijeron que eras fuerte y que al menos un rato me entretendrías.
Esas palabras... qué hijo de puta. Mi orgullo es mi punto débil, soy un ególatra por excelencia. Parecía más interesado en el suelo que en mí... Mi cara reflejaba furia, pero también duda y miedo, sabía que me daba mil vueltas en físico, en habilidad, en arma... ¿Qué debería hacer? ¿Huir...? ¿Acaso me dejaría huir? ¿O esta será mi último trabajo...? Que ni siquiera... pude terminar.
-Sabes... acabemos con esto, un tercer intento será lo último que te daré. Si no lo aprovechas...- sonrió mirandome sádico... algo que yo hacía con todos.- ¡Tu cabeza será la que caerá en este piso!
¿Mi cabeza? ¿Me planea... decapitar? Mi cara pasó a una infinita sorpresa y temor, retrocedía lentamente, quería huir de ahí, necesitaba escapar.
-Anda, que no tengo todo el día, no te demores más o esa oportunidad... se esfumará como tú lo harás en un rato.
Aprovechar... mi última oportunidad, pensaba en maneras de lograr algún daño en él, pero...
-¡Se acabó!- terminó de decir eso y empezó a caminar hacia mí, lento... muy confiado. ¿Acaso podría escapar? Intenté mover mis pis piernas, pero era inútil, temblaban... yo temblaba, mi cara reflejaba terror, sudaba, mi muerte estaba cerca. Lo peor... de una manera tan irónica, siendo decapitado cuando yo viví decapitando gente.
-Ni intentes huir. Aunque pudieras moverte, mi espada estaría en tu cuello en un instante. Pero... al menos déjame tener algo de diversión ya que te dejé matar a tantos esclavos más o menos útiles- sonrió clavándome su espada en uno de mis brazos, grité como poseído, el dolor era inmenso me hizo soltar inevitablemente la espada.
Cai en el piso. Ahí estaba yo... envuelto en sangre y sudor... pero esta vez ¡Era mi sangre! No lo puedo creer.
-¡Hazlo de una maldita vez!- grité exhausto, no podía soportar más esto, estaba siendo pisoteado. No hay nada más cruel y sádico que hacer sufrir a la víctima antes de asesinarla...
-Te dije que realmente esperaba un rival para entretenerme, pero si no lograste eso ¿Qué me queda por hacer?
Bajé la cabeza, observando el suelo, y parte de los pies de ese maldito. No me quedaba nada más que esperar... esperar a que todo acabe.
Suspiró, ¿Le aburrí? ¿Finalmente va a parar con esta humillación?
-Si no gritas y te quejas no es divertido ¿Sabes?- dijo algo enojado.- Está bien... es suficiente- dicho esto, acercó su espada a mi cuello.
-¡Que lo hagas ya!- expresé exaltado. Me había cortado yo mismo el cuello al decir esto por mis movimientos, tenía una pequeña herida de la que salían unas cuantas gotas de sangre.
-¿Masoquista? ¿Que no te iba el sado?- rió descaradamente.
¡Esto no acaba! Dijo que lo haría, pero en lugar de eso lo alarga... se ríe, se burla, lo disfruta... ¿Debería suicidarme? Tengo la oportunidad, la espada está a milimetros de mí... la fuerza de un cabezazo bastaría para acabar con mi vida.
Lo intenté, movi mi cabeza hacia delante... cerré los ojos listo para morir, listo para sentir mi vida pasar en segundos, para acabar con una vida de masacres, para llegar a mi verdadero hogar, el infierno.
-¿Te querías suicidar?- oí. Eso no podía venir del infierno. ¡Seguía aquí!
-¿¡Qué?!- grité ante la sorpresa.
-¡Al menos muere como un hombre!- me gritó. Haciéndome un corte en mi pierna. Me resistí al inmenso grito que quería soltar, yo no estoy hecho para soportar el dolor... sólo para repartirlo ¡Maldita sea!
-No te resistas... grita... ¡Al menos eso! Ya que no pudiste ni tocarme ¡Qué débil persona!
No quitaba la mirada del suelo, no le daría esa satisfacción.
-Veo que ni para eso... ¡Listo, tu fin!- apenas dijo eso y en inesperado movimiento tomó su espada listo para al fin acabar conmigo.
De nuevo ahí, esta vez seguro que todo acabaría.
Advertencia: Lenguaje soez, escenas de violencia y próximamente eróticas :awesome:
Bastard Sword
Capítulo 1
Si pudiera elegir un lugar en el que estar... ¡No sería otro más que en el que estoy ahora mismo!
En el salón principal de este castillo, el castillo de Ragner, empapado con una mezcla entre sudor y sangre, sangre de miles de débiles personas. Todas decapitadas con mi enorme espada, mi manera favorita de asesinar. Aunque mi velocidad a la hora de matar era para marcar record, yo era como un niño jugando, ¡Un niño cabrón y sádico que disfrutaba cada cabeza volando por los aires dejando sangre y vísceras a su paso!
Pero el trabajo de hoy estaba por terminar... sólo quedaba una persona por decapitar, el Rey. Que aunque odie admitir ¡Una admirable persona! Casi tan maldito como yo, según lo que me contaron a la hora de solicitar este trabajito.
Él solo conquistó los pueblos vecinos, y que forman ahora parte de su reino, con tal fiereza y rapidez, que hasta podría competir conmigo. Y no parecían mentir... estaba cubierto casi en su totalidad por una enorme capa azul, pero por su volumen diría que era bastante robusto. Y su cara... su cara, tenía la inconfundible cara de un bastardo como yo.
Me encontraba al principio de la larga alfombra roja que se extendía hasta su trono. Trono envuelto en oro con infinitos e indescriptibles detalles, todo un lujo como el resto del lugar. Todo el lugar rodeado por pílares dóricos, de un blanco puro. La habitación iluminada por un horrible naranja, gracias al monumental candelabro que se alzaba al medio de la habitación, que como todo en este lugar con resplandeciente oro. cortinas rojas al fondo que parecían llevar a otras habitaciones... Un típico castillo de un rey riquillo.
Lo miraba fijamente... esta bestia tenía que estar planeando algo, no se movia de su trono al final de la enorme habitación. Sólo alcanzaba a ver su remarcada sonrisa debajo de esa corona. Aunque yo tampoco hacía un solo movimiento, me encanta hacer el primer movimiento, pero hoy... hoy tengo... ¿Miedo? ¡Bah! Es simple cansancio, lo único que necesitaba era tomar un respiro y sacarle esa sonrisa de la cara... ¿O debería decir sacarle esa cara de su cuerpo? Jajaja.
Miré decido al frente con movimientos lentos pero firmes, haciendo resonar con mis botas la ahora silenciosa habitación con cada paso que daba.
Un inesperado movimiento de su parte me detuvo en seco y me hizo dudar... dudar de qué, simplemente me sorprendió. Dirigió su mano hacia su barbilla, hizo una mueca y se levantó.
-¿Puedes ser un poco más lento?- preguntó de sorpresa. Me hizo retroceder, y fruncir mínimamente el ceño.
-¿Tienes miedo?- dijo con un tono más que burlón, buscaba pelea sin duda. ¡Y la tendrá!
-No- espeté firme preparando mi espada, jugando con el filo de la hoja, sin tocarlo en realidad, pero me encantaba hacer este tipo de finta. Planeaba correr, y simplemente sacarle de un tajo la cabeza.
-Entonces...- hizo una pausa.- Qué esperas- y con eso se quitó la corona. Al fin pude verle completamente esa cabeza que pronto acompañaría a las de sus plebellos en el suelo.
Una larga melena negra fue liberada acompañada de una una mirada confiada ante mi sorpresa. Pero no podía seguir dudando, era ridículo para alguien como yo.
Sin previo aviso, comencé a correr con mi particular velocidad, con la espada lista para el ataque. Al fin se levantó ¿Esperaba lograr algo con mi velocidad y a la distancia a la que nos encontrábamos? ¡Ridículo!
Tomé la posición final a pocos metros de él, nada que lo pudiera salvar... esperaba más de esta persona... pero eran simples cuentos que en algún momento creí.
Vi un casi imperceptible movimiento de su mano izquierda. ¿Qué planeaba hacer?
De un brusco movimiento, una espada hizo su aparición viniendo desde el interior de su capa. Incluso más brutal que la mía, con hoja brillante casi cegadora, con una empuñadora dorada. Así que era eso... ¡Por más cara que sea no puede con mis habilidades iluso Rey!
Di el espadazo final... o lo que yo creía lo sería. Pero fue fácilmente bloqueada por él. ¿Pero cómo? Estaba a centímetros de él.Di un salto largo hacia atrás, para prepara mi siguiente ataque, no me esperaba esa, ya hasta estaba planeando cómo gastar el dinero de la recompensa como sólo yo sé hacerlo, con unas damas y mi amigo el alcohol, pero este maldito parece que me tomará un poquito más de tiempo.
-Qué incómodo...- mencionó despreocupado y retiró de su cuerpo esa capa haciendola volar en el aire hasta la pared. Tal y como lo pensaba, era un monstruo, sólo un monstruo podría tener esos musculos.-¡Vamos! Ya habíamos avanzado, te hice intentar asestarme un golpe, ¿No piensas continuar?- decía ese maldito.
No podía responder... mi boca estaba sellada y mi garganta hecha un nudo, además de que sabía que la mejor respuesta era atacar. Y así lo hice, corrí algo inseguro con el objetivo de darle una estocada en la garganta.
Lo esquivó con facilidad, haciéndome caer al suelo por la rapidez y fuerza con la que me dirigía.
-¡Qué mentirosos son estos idiotas! Dijeron que eras fuerte y que al menos un rato me entretendrías.
Esas palabras... qué hijo de puta. Mi orgullo es mi punto débil, soy un ególatra por excelencia. Parecía más interesado en el suelo que en mí... Mi cara reflejaba furia, pero también duda y miedo, sabía que me daba mil vueltas en físico, en habilidad, en arma... ¿Qué debería hacer? ¿Huir...? ¿Acaso me dejaría huir? ¿O esta será mi último trabajo...? Que ni siquiera... pude terminar.
-Sabes... acabemos con esto, un tercer intento será lo último que te daré. Si no lo aprovechas...- sonrió mirandome sádico... algo que yo hacía con todos.- ¡Tu cabeza será la que caerá en este piso!
¿Mi cabeza? ¿Me planea... decapitar? Mi cara pasó a una infinita sorpresa y temor, retrocedía lentamente, quería huir de ahí, necesitaba escapar.
-Anda, que no tengo todo el día, no te demores más o esa oportunidad... se esfumará como tú lo harás en un rato.
Aprovechar... mi última oportunidad, pensaba en maneras de lograr algún daño en él, pero...
-¡Se acabó!- terminó de decir eso y empezó a caminar hacia mí, lento... muy confiado. ¿Acaso podría escapar? Intenté mover mis pis piernas, pero era inútil, temblaban... yo temblaba, mi cara reflejaba terror, sudaba, mi muerte estaba cerca. Lo peor... de una manera tan irónica, siendo decapitado cuando yo viví decapitando gente.
-Ni intentes huir. Aunque pudieras moverte, mi espada estaría en tu cuello en un instante. Pero... al menos déjame tener algo de diversión ya que te dejé matar a tantos esclavos más o menos útiles- sonrió clavándome su espada en uno de mis brazos, grité como poseído, el dolor era inmenso me hizo soltar inevitablemente la espada.
Cai en el piso. Ahí estaba yo... envuelto en sangre y sudor... pero esta vez ¡Era mi sangre! No lo puedo creer.
-¡Hazlo de una maldita vez!- grité exhausto, no podía soportar más esto, estaba siendo pisoteado. No hay nada más cruel y sádico que hacer sufrir a la víctima antes de asesinarla...
-Te dije que realmente esperaba un rival para entretenerme, pero si no lograste eso ¿Qué me queda por hacer?
Bajé la cabeza, observando el suelo, y parte de los pies de ese maldito. No me quedaba nada más que esperar... esperar a que todo acabe.
Suspiró, ¿Le aburrí? ¿Finalmente va a parar con esta humillación?
-Si no gritas y te quejas no es divertido ¿Sabes?- dijo algo enojado.- Está bien... es suficiente- dicho esto, acercó su espada a mi cuello.
-¡Que lo hagas ya!- expresé exaltado. Me había cortado yo mismo el cuello al decir esto por mis movimientos, tenía una pequeña herida de la que salían unas cuantas gotas de sangre.
-¿Masoquista? ¿Que no te iba el sado?- rió descaradamente.
¡Esto no acaba! Dijo que lo haría, pero en lugar de eso lo alarga... se ríe, se burla, lo disfruta... ¿Debería suicidarme? Tengo la oportunidad, la espada está a milimetros de mí... la fuerza de un cabezazo bastaría para acabar con mi vida.
Lo intenté, movi mi cabeza hacia delante... cerré los ojos listo para morir, listo para sentir mi vida pasar en segundos, para acabar con una vida de masacres, para llegar a mi verdadero hogar, el infierno.
-¿Te querías suicidar?- oí. Eso no podía venir del infierno. ¡Seguía aquí!
-¿¡Qué?!- grité ante la sorpresa.
-¡Al menos muere como un hombre!- me gritó. Haciéndome un corte en mi pierna. Me resistí al inmenso grito que quería soltar, yo no estoy hecho para soportar el dolor... sólo para repartirlo ¡Maldita sea!
-No te resistas... grita... ¡Al menos eso! Ya que no pudiste ni tocarme ¡Qué débil persona!
No quitaba la mirada del suelo, no le daría esa satisfacción.
-Veo que ni para eso... ¡Listo, tu fin!- apenas dijo eso y en inesperado movimiento tomó su espada listo para al fin acabar conmigo.
De nuevo ahí, esta vez seguro que todo acabaría.