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Renelzio
25/10/2010, 12:35
Muy bien, yo inauguro la zona XD


El fic:
Clímax: Clouds with a chance of tears
Capítulo 1
"Blood Rain"
En una habitación tapizada por mullidos almohadones blancos, algunos de ellos con pequeñas pero notorias manchas de sangre y unos resaltantes restos de comida incrustados, una jovencita se encontraba arrumbada en una de las esquinas de aquella descuidada habitación/celda acolchonada.

Ella, de 24 años de edad, tez caucásica, largas y bien torneadas piernas, muslos definidos, senos resaltantes, todo esto envuelto entre vendajes y cadenas. Lo único sin cubrir por algo que no fuera piel, era su rostro, el cual, a pesar de sólo mostrar sus ojos que contenían una inusual característica (además de su extrema belleza), de color naranja, no un naranja cualquiera, el naranja que parece poseer el sol, eso y su nariz, lo único visible, pero eso alcanzaba para darse cuenta que lo hermoso en ella, no sólo era su cuerpo, también su cara, aunque con lágrimas secas sobre sus pómulos y unos ojos llorosos no le quitaba para nada lo hermoso. Lo único que hacía era mover los ojos cada cierto tiempo, observando doliente su prisión. En su mente no creo que haya algún otro pensamiento más que “¡Ayuda!” o repetitivos “¿Por quée, por quéee?” bastante bien justificados.

Para empeorar la situación en la que ya se encontraba aquella chica, de la puerta se oía un sonido de llaves introduciéndose en una antigua cerradura. La ojos naranja dejó su pasiva actitud, y comenzó a retorcerse cómo reflejo causado por el dolor que predecía aquel ruido.

De la puerta un hombre entró groseramente a la habitación, causando un pequeño lloriqueo rozando a grito de la chica, ya que se encontraba amordazada por un enorme y metálico bozal.
Era un hombre con un traje especial, estilo astronauta, bastante escudado, el hombre sin duda se encontraba temeroso de su vida, pero él no era el único con miedo, la chica más bien estaba aterrorizada totalmente, intentaba cruzar las paredes traseras contrayéndose, mientras unas lágrimas se escapaban de sus ojos. Mientras, ese amenazante y miedoso hombre avanzaba con cautela.
La ojinaranja temblaba, se retorcía con mayor frecuencia y fuerza. El hombre, ya no parecía ir lento, aparentemente notó que entre más rápido, mejor para ambos y decidió acelerar el proceso. Así que de manera inmediata, introdujo la llave que abría la cerradura de las cadenas y cortó rápidamente la parte que mantenía firmes los vendajes que la mantenían presa.
Ella cerró los ojos cómo reflejo mientras esperaba lo peor, pues había notado el cuchillo en su mano, y la acción más obvia era un asesinato, pero su cabecita tampoco descartó la violación o la tortura.
El hombre apenas terminó de realizar esas acciones y se alejó de la chica, le dio una última mirada esperando alguna reacción, pero ella no hacía nada más que temblar y dar unos chillidos moviendo su cabeza de un lado al otro.

Esperó unos segundos en los que en todo momento tenía la atención y los reflejos al máximo, una pequeña distracción y sería su fin, o al menos eso es lo que le dijeron, de uno de sus bolsillos un par de arrugadas hojas de bloc y un bolígrafo con poca tinta. De nuevo, tornó su mirada a la ojos naranja esperando alguna agresión de su parte, pero nada.

Se acercó a la puerta, dando un último vistazo antes de abrirla, se movió lentamente hasta que todo su cuerpo se encontraba fuera de la habitación sin descuidar los pocos movimientos de la chica. Con hojas y bolígrafo en una de sus manos, cerró lentamente, lanzando los objetos a pocos centímetros del cierre total, velozmente colocó de nuevo la cerradura, apenas terminó se dispuso a correr lo más rápido que pudo.

Ella aún temblorosa, cuando por fin, sin respuesta alguna por parte de su asesino (según ella) abrió los ojos, dio unos cuantos vistazos y no notó a nadie más que a ella en la habitación, hizo unos movimientos algo bruscos que bastaron para que se cayeran las cadenas y los vendajes que cubrían su escultural cuerpo, ahora era mucho más admirable su figura, afortunadamente/desgraciadamente no tenía ropa debajo, estaba totalmente descubierta, lo que dejaba poco a la imaginación.

Se levantó lentamente con cara de asombro dando unos torpes pasos. Ahora más temerosa por la insólita acción de sus captores, comenzó a dar vueltas por la habitación aumentando gradualmente la velocidad, pasando de una tranquila y torpe caminata a una carrera por darle más vueltas a la habitación, en su rostro ahora tenía una gran sonrisa, realmente no se puso a cuestionarse mucho las acciones de su vigilante, simplemente disfrutó de la “libertad” otorgada por aquel cobarde hombre, esas acciones son dignas de una loca, parece que el encierro le está afectando, es más ni notó su desnudez.
En medio de su regocijo, dio una mala vuelta y tropezó con lo más inesperado de encontrarse en esa habitación (para ella, al menos).
Su cara, lógicamente pasó de una euforia incontenible a una pequeña molestia causada por el minúsculo dolor que causa una caída en almohadones.
Después de recuperarse de esa tonta e insignificante caída al levantarse notó algo entre sus rodillas, eso era el pequeño bolígrafo que le hizo caer, y el par de hojas junto a él.

Se levantó de manera que esos malvados objetos que se pusieron en su camino quedaran frente a ella. Los recogió mirándoles con asombro... esta vez regresó en sí, y comenzó a cuestionarse acerca de los inusuales hechos sucedidos hace unos minutos. En uno de esos pensamientos dirigió por accidente su mirada hacia abajo, viendo sus pechos desnudos, y cómo una inteligente (en la mayoría de los casos) acción se los cubrió rápidamente.

-¡Uuuhm! ¡Uhhm!- esos eran los sonidos que hacía porque su liberador no le quitó el bozal, aparentemente no querían escándalo.

Dio unos vistazos a los lados, y recordó que se encontraba en una habitación totalmente solitaria, y obviamente nadie le verá. Pero ese molesto airecillo acondicionado que entraba desde unos agujeros en la parte más alta de la habitación, causaba molestia en sus sensibles pezones.
Trató de alejar sus senos de las partes donde el aire pudiese llegar a ser molesto, la esquina contraria a la salida del aire era la indicada.
Con esos objetos en mano se sentó mirando una de las acolchonadas paredes, ahora que todo estaba más cómodo, era el momento indicado para ponerse a pensar en lo sucedido, y eso hizo, levantó su cabeza lentamente con una expresión de asombro en el rostro.

-(... ¿Po-por qué? Si estoy libre... ahora puedo)- dijo levantándose y dejando en una esquina los objetos abandonados por uno de sus captores. Sin importarle las corrientes de aire, dio media vuelta dirigiendo una decisiva mirada a una de las paredes.
Adoptó una inusual pose colocando su mano izquierda al frente y poniéndose en cuclillas. Cerró los ojos, y se dispuso a esperar con los ojos cerrados a que algún tipo de poder mágico saliera de las palmas de sus manos, o al menos eso aparentaba. Pasaron unos segundos, en los que la chica se rindió, adoptó una postura normal mirando desilusionada sus manos.

-(¡¿Quée?! ¿No puedo? ¡¿Por quée?!)- pensó mirando sus brazos con gran asombro y miedo.

Mientras ella sufría por la normal falta de poderes, se veía una sombra a través de la puerta de su habitación. Aquel hombre, por alguna razón, entró bruscamente a su habitación sin importarle nada, al fin un hombre valiente entra. Pero ¡Oh sorpresa, es el mismo gallina de hace unos minutos! Esta vez sin su armadura. Lucía bastante confiado, una sonrisa malévola dibujada en su rostro.
La chica, no tardó en percatarse de su presencia, y como un buen acto reflejo, se cubrió sus desnudos senos, y se refugió en lo más profundo de esa celda.
El hombre sin ninguna inhibición la acorraló, mirando directo a los aún cubiertos senos, con una sonrisa lujuriosa.

-¡Maldita sea! No te puedo hacer nada, me despedirían si me descubren.- dijo enojado, retrocediendo tratando de esconder sus deseos.

Lo único que sí hizo fue quitarle el bozal. La chica ahora con la boca libre para gritar, y hacer berrinches, soltó un fuerte grito, que al instante fue detenido por la mano de aquel libidinoso hombre. La chica ahora no producía más que pequeños y casi insonoros quejidos.

-No grites, o mueres aquí mismo- dijo amenazante y autoritario el hombre.

Ella agachó la cabeza, e asintió temerosa a su petición.

-Muy bien...- dijo sonriendo, y retiró su mano de la boca de la chica.

Ella hizo lo indicado, no emitió otro sonido, más que pequeños gemidos, que causaban satisfacción al hombre. Lo único aparentemente permitido por sus superiores eran caricias “inocentes” pues el hombre le acarició la mejilla aún con esa lujuria característica de él.


-Escribe.

La señorita le mostró el bolígrafo y el par de hojas maltratadas por el temor anteriormente infundido.

-Es-cribe- le repitió en un tono imperioso.

La chica confundida por sus órdenes tan poco específicas, agarró el papel y comenzó a escribir cosas sin sentido.

Después de un rato de eso, el hombre le arrebató agresivo la hoja. Al darse cuenta que lo único que escribió fueron estupideces, tornó su cara a un muy mal aparentado enojo, más bien estaba feliz. Alzó su mano y rápidamente le dio una fuerte cachetada que mandó a la chica unos centímetros al lado.

-Ahhhh- no pudo evitar gritar la chica ante tan dolorosa agresión.

-Bah, no sirve de nada si me tengo que retener tanto.- dijo, ésta vez realmente molesto.

Ella no pudo evitar soltar lágrimas ante tanto sufrimiento, su agresor sonreía ante ese dolor que él causó.

-Me mandaron a pedirte que escribas en este par de hojas toda tu vida, realmente no sé para que lo quieren, pero esas fueron mis órdenes.

Decepcionado porque no se le tenía permitido hacer nada más, se retiró de la habitación no sin antes darle un golpe más. Ella se soltó en llanto apenas el hombre se marchó de la habitación.

-(¿Por quéee? ¿Por quée?)- de nuevo se preguntaba, no hacía más preguntas que esas, pues no obtenía una respuesta...

Después de unos minutos de lloriqueos bien justificados. Se puso a admirar las húmedas (por sus lágrimas) hojas en su mano.

-(Mi... ¿vida? ¿Qué quiso decir ese...?)- enojada pensó- ¡Idiota, maldito, estúpido, tarado!- gritó en un intento de desahogo.

Tomó una de las hojas entre su mano, e incómodamente se dispuso a escribir...

“Nací, fui una niña que vivió feliz con sus padres, con adolescen...”

Ese poco y mal relatado texto fue lo que alcanzó a escribir antes de quedarse dormida, lo cual es normal, por todo lo que le acababa de suceder.

Al día siguiente, parece ser, pues en una habitación tan cerrada se pierde la noción del tiempo.

Un portazo despertó a la muchacha, éste causado por el agresor de siempre.

Se dirigía confiado e impúdico a donde la ojinaranja se encontraba dormida. Le arrancó la hoja de sus temblorosas manos. Ella aún mantenía cubiertos sus senos con los brazos, a pesar de que no le era agradable a su guardián de celda.
La comenzó a leer, y de su cara de alegría pasó rápidamente a una profunda molestia.

-¿Sabes qué te pasará si no escribes en esta hoja tu vida?- dijo con los brazos cruzados denotando confianza.

-N-n-no- dijo rápidamente y extendiendo las manos para cubrir su cara sin descuidar su pecho.

-Y dime...- dijo dando vueltas por la habitación.- ¿Te gustaría saberlo?- bruscamente se le acercó, tocando su barbilla, y acercándose cada vez más a su cara, todo esto sin abandonar su cara de pervertido. Hizo su sonrisa aún más grande y notoria cuando estaba en el punto más cercano a su cara sin ser tocada. Se retiró lentamente para infundirle miedo.

-¡Ahhh!- gritó retorciendo un poco su cuerpo.

-¡Te dije que te callarás!- dijo golpeándola en la cara. Esta vez no se contuvo lo suficiente, y le causó algo más que una leve magulladura, de la boca salían unas gotas de sangre. Ella comenzó a toser expulsando toda la sangre sobre su desnudo cuerpo, y unas cuantas gotas sobre el calzado de su tirano carcelero.

Él disfrutaba la escena, todo un maldito sádico. Cuando bajó un poco su vista, no pudo evitar notar una anormalidad en su calzado, tenía unas manchas rojas, lógicamente eran de la sangre que escupió.

-¡Cómo te atreves, p*ta!- dijo preparando otro golpe más.

En eso, la puerta se abrió, y desde la puerta entró otro hombre con el mismo atuendo que su golpeador. Él, para fortuna del tirano, iba con la vista abajo pues venía leyendo unos papeles.

Su agresor, al percatarse de la presencia de un humano más que no fuera su compañera de juegos sado bajó rápidamente la mano, cambió su malvada expresión facial y volteó la vista para saludar a su colega, cuidando que el cuerpo de la chica quedará detrás de él, en un intento para hacer "invisible" a la chica.

-Ehh, hola- dijo el sádico, con una mano detrás limpiándose la sangre que inconvenientemente manchó su mano.

-Hola, ¿me dejarías hacer su revisión semanal?- dijo aún sin alzar la vista, algo distraído leyendo esos papeles.

Él, aparentemente es el médico encargado de los chequeos de salud de la señorita.

-Cla-claro, cómo no- titubeante e inseguro dijo.

-Bien, permiso- dijo apartándolo del camino.

El médico, al notar la sangre y los golpes en el cuerpo de la chica, obviamente hizo una cara asombro, y claramente el culpable no podía ser otro. Dio media vuelta para exigir una explicación, pero el sádico ya había emprendido huida hace ya mucho.

Lo siguiente que hizo, claro está, curar a la chica de tan horrendos golpes, aunque era su trabajo, parecía interesado en lo ocurrido. Luego de dejarla un poco mejor físicamente, y más tranquila.

-Te... tengo que llevar...

-¿Lle-llevarme?- respondió a la defensiva por miedo.

-Sí, pero no es nada malo, son chequeos y pruebas que estoy obligado a hacerte.

-Ehh, pero ¿no me va a doler?

-No... Ahora, ven.- dijo extendiendo su brazo para ayudarle a levantarse.

Le vendó los ojos. Y en un intento por vestirle con una bata de hospital, la chica huyó a uno de los rincones de la habitación.

-(Aggh) ¿Acaso prefieres estar desnuda?- dijo molesto- Bien, vístete tú- y lanzó la bata.

Se dirigió al corredor para no poner incómoda a la señorita.

-¿Ya?

No obtuvo respuesta. Así que, con la mejor excusa del mundo, echó un vistazo, para su infortunio, no pudo ver más que una pequeña parte de su seno. Pero, para su fortuna la chica no se percató de su indiscreta mirada. La chica se retiró lo que cubría sus ojos para poder vestirse... no muy necesario pero parecía necesitarlo.

-(Arg, comienzo a comprender a mi compañero...)- pensó molesto, y le colocó de nuevo el antifaz.

La subió a una camilla en el corredor ya lista para ser abordada. El resto de ese lugar parecía un hospital... un hospital muy viejo y descuidado, no había gente en los corredores, con excepción de una recepcionista tan anciana como el lugar mismo. Inusualmente la chica cooperó completamente, parece que siendo amable todo se puede...

De camino al sitio donde se realizarían los análisis...

-Él te hizo eso, ¿cierto?- dijo sin abandonar su seria expresión ni la posición de su cara.

-¿Qué-e-e?- dijo sorprendida.

-Calma, soy de fiar, dime, él... además de los golpes, ¿te violó?

En medio de la pregunta dio una vuelta a otro pasillo, y la chica pudo hacerse como si nada hubiera escuchado, sólo hizo un “Ahhh” por la brusquedad con la que dio la vuelta.

-Responde- dijo en un tono imperativo.

Ella no hizo más que unos gemidos.

-Pues es culpa tuya también... si te la pasas gimiendo tan provocativamente, y no respondes pregunta alguna... hasta yo me pondría así.

-¿Ahh?

Y continuaba negándose a responder, a menos que un “Ahh” se considere respuesta.

-Bueno... tu silencio es la respuesta, y me dice que lo hizo, no quiero más detalles... calma, lo reportaré, no trabajará más aquí.

Después de unos segundos de andar por sucios y poco habitados pasillos.

-Llegamos.

La subió a una cama, y se alejó un poco. La chica lo notó.

-N-no te vayas- dijo temerosa

-No pienso hacerlo, tengo que ir por algunas cosas a una estantería.

Se sentó en la cama de la chica aprovechando su miedo para preguntarle unas cosillas...

-O-oye.

-Dime...

-¿Te- te puedo preguntar algo?

-Adelante... (Pero no esperes una respuesta...)

-¿Por qué no pude usar mis...?-dijo antes de ser interrumpida.

-Ahh, eso, pues verás...- dijo sin intención alguna de responder su pregunta, y le inyectó lo que parece ser un sedante pues no tardó mucho en caer desmayada.

Un par de tipos más en bata de “doctor” llegaron y le realizaron todo tipo de pruebas que desde ese momento serían “rutinarias”.

Horas después, el sedante había dejado de hacer efecto, cuando ella ya iba de camino a su celda, al abrir los ojos lo único que pudo observar fueron los fluorescentes focos en el techo pues ya habían llegado a su celda.

La colocó cuidadosamente en ella.

-Haz lo que te digo y todo saldrá bien, escribe tu vida.

-¿Pa-para qué?.

-No preguntes sólo hazlo.

Y sacó de su bolsillo una especie de diario con un hermoso enmarcado de piel de algún animal.

-Toma, me lo regalaron pero... no lo necesito, prefiero trabajar en libretas baratas...- dijo extendiendo su brazo para que la chica lo tomara.

La desconfiada chica lentamente se acercó para tomarlo, a pocos centímetros de lograrlo, el hombre retiró bruscamente ese diario. Justo cuando parecía confiar en él...

-Disculpa... espera un poco.

Abrió el diario, y arrancó 2 hojas llenas de texto con un extraño diagrama al medio aunque... aún quedaba una tercera. La chica no lo notó, y aunque lo hubiera hecho, no se atrevería a preguntarlo. El hombre parecía tener algo de prisa.

-Me tengo que ir- dijo rápidamente arrojando el diario a una de las esquinas.

-E-espera, ¿Por qué no puedo usar mis...?.

-Adiós.

De nuevo se quedó sin respuesta alguna. Lentamente gateó hasta el diario, colocó el libro frente a ella y lo abrió, dejando caer una pluma que se encontraba entre sus páginas. La tomó y comenzó a observarle pensativa, parece que realmente estaba evaluando la posibilidad de escribir su vida en ese diario.

Al no haber nada mejor que hacer en ese lugar, la chica dirigió la pluma a las primeras hojas del diario...

“Era un día soleado, 17:46 según los doctores, esa fue mi hora de nacimiento, a los pocos minutos de tal, en la típica nalgada a los bebés, en el momento de mi llanto, de la calidez que emanaba al sol se tornó violentamente a un grisáceo cielo nublado, e instantáneamente una moderada pero inesperada lluvia se soltó. Para mis padres y el partero no era notorio, pues nos encontrábamos en una habitación sin ventanas.
Al oír mi sollozo, el médico partero no tuvo más que anunciar que yo era una niña “sana”. La alegría de mi padre no tardó en verse, al igual que la de mi madre, con la diferencia de que la de ella también expresaba dolor, por el parto.
Mis padres felices, y uno que otro familiar en la recepción también pues según el médico el parto fue un éxito sin complicación alguna.
Pasaron 20 horas, y nos dieron de alta a mí y a mi madre. Yo me encontraba dormida mientras nos dirigíamos a la salida, con mi padre cargando una enorme pañalera, él iba con una cara que expresa desagrado sabiendo lo que le espera al yo, haber nacido. Mi madre iba con una sincera sonrisa, y por instantes se tomaba un segundo para mirar mi carita. Yo por supuesto venía dormida. Al salir del hospital era un día soleado sin exagerar, perfecto para dar una vuelta por el parque, y así lo hacían varias personas, era notable pues el hospital estaba justo enfrente de un concurrido parque.
Afortunadamente para todos, yo permanecía aún dormitando. Ya habíamos salido del hospital, nos encontrábamos en la acera, junto a la carretera. Mientras, mi padre iba de camino a sacar el auto del estacionamiento para evitarle esfuerzos extra a mi madre.

El sonido de los autos era muy molesto, pero mi madre sabía cómo contrarrestarlo a pesar de su aparente poca experiencia maternal. Me abrazaba fuerte, pero sin asfixiarme, y me cantaba una hermosa canción cuya tonada y letra olvidé, sólo recuerdo que era muy hermosa...

Me desperté, pero aun así me mantenía apacible mientras esa hipnotizante canción fuese reproducida por lo que llamaba en ese entonces “mamá”. Hasta que... una ambulancia, pasó cerca de donde estábamos yo y mi madre, aunque su paso fue instantáneo, no pude evitar llorar.

Unos segundos bastaron para que el soleado día perfecto para pasear en el parque se transformara en un día perfecto para quedarse en casa a ver películas. Las nubes llegaron casi instantáneamente, la gente lo notó, pero siguieron con sus actividades ¿una lluvia leve? probablemente eso pensaron ellos. Pero lo reconsideraron al instante que de aquellas “inocentes” (llamadas así por algunos transeúntes cercanos) nubes salieran miles de gotas, un gran chubasco les vino por sorpresa y la gente ante lo inesperado de tal hecho, se refugiaron de ella en establecimientos de comida rápida, centros comerciales, e incluso en el hospital.

Mi madre rápidamente decidió volver al hospital, el lugar más cercano en el que resguardarse. Corrió lo más rápido que le permitían sus cansadas piernas. Desde el hospital una enfermera hacía señales de que mi madre apurase, pues parece que esta lluvia iba a dejar algo más que unos cuantos charcos.

Mi padre desafortunadamente no alcanzó a”...





Fue lo último que alcanzó a escribir antes de...

Gracias a los que se tomen la molestia de leer.



Advertencia:Contiene escenas semi-eróticas apenas llegando a no pasarse las reglas XD.

LolMan
25/10/2010, 17:50
:O gran historia me entretuvo bastante y me dejo con ganas de saber lo que continua jeje
pero que se supone que es donde ella está ... o lo contaras después.. a medida que transcurra la historia?
y sobre las escenas semi eróticas jaja simplemente ay que leerlas con cultura :D
Saludos

Ventus
25/10/2010, 18:18
es super entretenida la historia al principio pense wow que largo pero me engancho bastante

cuando las sacaras???
esque esta muy buen enserio

saludos